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Los preliminares

31/08/2010

… y no hablo de sexo. Tenedlo claro, aunque quizá podaís aplicarlo ahí si quereís. Pero, ese no es mi punto de vista en este post. Mi punto de vista en este post está un poco más enfocado al audiovisual y la vida, por qué no.

Los preliminares es lo que gusta. El final, el resultado, el “grano” es el clímax. El gran final, pero sin los preliminares no lo desfrutaríamos.

El final jode el preliminar. Por lo menos en muchos casos.

Pongamos un ejemplo: Domingo por la tarde, estoy comiendo con la familia. En la televisión, en la habitación de al lado, apagado y en un radio de acción imposible de alcanzar para mí, se está emitiendo el partido de mi equipo de fútbol favorito (supongamos que juega a esta hora). ¡No voy a lograrlo ver, me muero, no puedo ver el partido! ¡Quiero ver el partido! ¡Quiero ver esos seguro goles que están marcando! Cuando por fin pongo el televisor, el partido acabó y ¡mi equipo gano! Pero, no estoy tan contento como si lo hubiese visto lo bien que jugó y cómo marcó los goles.

El resultado me interesaba, pero más el ver cómo llegó a ahí.

Pero, conocido el resultado, para qué ver el partido. No disfruto del partido, de lo bueno, por el maldito final.

Con lo audiovisual y literario ocurre algo similar, aunque en estos casos el final no jode los preliminares, porque el final no es buscado. Se quiere conocer, sí, pero no es lo que nos interesa.

LOST

¡Qué manía con el final de Lost! Que sí, que a mi tampoco me termino de convencer del todo. Que sí, que dejaron muchas preguntas abiertas, que sí, que sí, que sí… ¿Pero entonces tu veías la serie para saber el final? ¿Que te producía placer, saber cosas o querer saber cosas? ¿El conocer que Jack era médico o querer saber por qué cojones había una cosa negra dando vueltas por la isla sonando al Seat Panda de tu abuelo? Porque si lo único que querías era saber cómo acababa… ¡no haber visto seis temporadas! Con el primer capítulo (más que nada por eso de saber que se han chocado y tal) y el último te hubiese bastado.

Yo disfruté viendo la serie. Cagándome en los guionistas por sus idas de olla. Maquinando teorías. Diciendo a mi madre: “Ya me he bajado el último”. Diciendo: “A estos se les ha ido, yo acabo de verla por no dejarla a medias”. Pensando: “Pues esta temporada ya me gusta más”.

En resumen, con los preliminares. Los preliminares al climax. Los preliminares al final. Los preliminares a saber quién es el asesino del Orient Express. Quién mató a los hombres de “El estudio en escarlata”. Los preliminares a “Yo soy tu padre”.

Lo que queremos ver, leer, etc. son los preliminares a la resolución. Todos los minutos anteriores al climax, aunque a éste también. Si sólo nos produjese placer conocer el final, para empezar, adios historia. Cine, literatura histórica… para qué, ya sabemos qué ocurrió. El cine de Segunda Guerra Mundial, puf. ¡Vaya coñazo! “Muchos tiros, muchas sangres y tripas, sí, pero ya se que los rusos pusieron su bandera en Berlín y Hitler se suicidó en su bunker”.

Así que acabemos con esa manía de querer ir directos al grano. Busquemos los preliminares, queramos los preliminares y disfrutemos de los preliminares.

De hecho, desde cierto punto de vista, la vida no es más que el preliminar a la muerte.

Los preliminares son lo que molan.

El resto acaba demasiado pronto.

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