Archive for 18 febrero 2012

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Vergüenza

18/02/2012

Ayer se estrenó, finalmente, en España Shame (Steve McQueen, 2011) segunda película de Steve McQueen que ya había demostrado una mano distinta a la convencional en su anterior película, Hunger (Steve McQuenn, 2008) que contaba, al igual que como en esta ocasión con un magnífico Michael Fassbender, la historia de la huelga de hambre del miembro del IRA Bobby Sands.

Y, de nuevo, se mostró excelente en esta nuevo film. La película venía precedida de magníficas críticas ya desde el festival de Venecia y en todas se hablaba de cómo llegaba a marcar la película en el espectador.

Brandon (Michael Fassbender) es un treintañero neoyorquino con serios problemas para controlar y disfrutar de su vida sexual. Se pasa el día viendo páginas pornográficas y manteniendo contactos con solteras de Manhattan…

La vergüenza de Brandon patente

Y esta sinopsis resume la película, pero no refleja para nada lo que es. Shame no cuenta la historia de un treintañero de tiene problemas con el compromiso o la simple muestra de cariño. No de la forma tradicional. Shame es una película muy compleja, una película que trata los sentimientos de los personajes de una forma no reveladora.

Fassbender  muestra perfectamente la complejidad del personaje de Brandon, que no es capaz ni de aceptar con comodidad el abrazo de su hermana Sissy (una formidable Carey Mulligan que cada día muestra más y más sus magníficas dotes interpretativas). Un personaje que se encuentra centrado de una obsesión que le destruye sin apenas darse cuenta.

Uno de los temas de los que se habla en Internet alrededor de ésta película es sobre la cantidad de escenas de sexo que hay y los varios desnudos frontales de Michael Fassbender (algo que, aún así, hay que recordar que ya hizo también en Hunger su anterior película con McQueen). Sin embargo, lo que puede ser morboso y llamar la atención en los blogs y medios de noticias, ya no lo es una vez la película es iniciada. Hay un momento en el que te olvidas de lo que ves literalmente en la pantalla y pasas a tomar conciencia de lo que significa aquello que estás viendo.

De hecho, estas escenas, que están retratadas con una fotografía preciosa, llegan en momentos a producir cierta vergüenza ajena al espectador. Se muestra tan “natural” de una forma no tan estilizada y dentro de un contexto en el que el espectador no siente morbo por lo que ve, ni se acerca, sino que quiere que acabe ya y no ver más de lo que ahí sucede. Un poco por los tabúes de la sociedad que todos llevamos marcados, y otro por el significado y lo que las escenas nos están mostrando.

Pero, McQueen nos impide dejar de ver porque sigue su tendencia de escenas largas, vacías incluso y planos secuencia (no total secuencia, pero que llevan la mayor parte de ella) como ya había hecho en Hunger. En su primera película se había centrado, sobretodo, en un plano-secuencia que tenía lugar entre Sands y un cura, un gran diálogo con una fotografía excelente y que a pesar de mostrarnos un plano general nos mantenía constantemente atentos:

Nunca imaginé a McQueen así

En esta ocasión, McQueen no se centra en una sola y gran secuencia como en Hunger, pero tiene multitud de pequeñas secuencias que rueda en un único plano, lo que hace otorgar un ritmo a la historia que le pega magníficamente. Son escenas con mucha importancia del silencio, del trabajo de actores. Tanto de cara a la cámara, como en la conversación nefasta y a trompicones de Brandon y su compañera de trabajo Marianne (Nicole Beharie); como de espaldas a ella, en la conversación/discusión de Brandon y Sissy en el sofá mirando a la televisión.

Unido a una música magnífica, McQueen logra, sin la gran artificidad de los planos plásticos y artísticos de Kar Wai Wong, una especie de poesía en algunas escenas, a la vez que en otras con la misma “poesía” logra transmitir crudez, naturalidad y vergüenza.

El mejor ejemplo de ello está en el inicio de la película. Diez minutos sin apenas diálogos, con la música acompañando en todo momento a unas imágenes preciosas y, además, haciéndonos ver a la perfección la vida de Brandon y la monotonía/obsesión que la acompaña.

Película de amor/odio, en mi opinión, pero que es fundamental ver. Y que demuestra, como siempre, que lo de los premios y nominaciones no tiene nada que ver con las películas que se hacen y su calidad. Sino mirad la lista de nominados a los Oscar este año y hablamos.

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El porqué de cada plano

13/02/2012

Una de las máximas a la hora de crear cine es que cada plano tiene que aportar algo a la película. Todo lo que se vea en filme tiene que tener un porqué para estar ahí. Nada puede ser gratuito, nada debes ser sólo por el gusto del director, productor, actor, etc. Todo debería dar una información al espectador, mayor o menor, pero una. Pero, ¿es esto cierto? ¿Hasta qué punto es un plano fundamental? ¿Hasta que punto es un plano gratuito? Al fin y al cabo, las películas están configuradas por un número de planos que, a su vez, forman una serie de escenas que configuran secuencias que acaban convertidas en la película. Así pues, quitar un plano a una de ellas no tiene por qué hacerle daño, pues el resto de los planos compensan el perdido. Pero, esto no sucede en todas ocasiones. Pues hay veces que un sólo plano puede cambiar el sentido total de una película.

A principios del siglo XXI la Tyrell Corporation desarrolló un nuevo tipo de robot llamado Nexus -un ser virtualmente idéntico al hombre- y conocido como Replicante. Los replicantes Nexus 6 eran superiores en fuerza y agilidad, y al menos iguales en inteligencia, a los ingenieros de genética que los crearon. En el espacio exterior, los replicantes fueron usados como trabajadores esclavos, en la arriesgada exploración y colonización de otros planetas. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de combate de Nexus 6 en una colonia sideral, los replicantes fueron declarados proscritos en la tierra bajo pena de muerte. Brigadas de policía especiales con el nombre de unidades de Blade Runners tenían ordenes de tirar a matar al ver a cualquier replicante invasor. A esto no se le llamó ejecución, se le llamo retiro. Los Ángeles, Noviembre 2019

... y Noodles

En 1982 nace un mito. Blade Runner (Ridley Scott, 1982) se convierte en una de las mejores películas de la historia, mi película favorita y, además, una de las películas que cumple con este hecho de que un sólo plano pueda cambiar el significado de la película. Esto se pudo apreciar tras la aparición del Director’s Cut de Scott 10 años después de su estreno, en 1992.
En el ’82 había existido problemas entre Ridley Scott y los productores, que obligaron al director a montar la película de una forma que él no quería. Sin embargo, debido al fragante éxito que tuvo la película, diez años después se volvió a montar tal y como quiso el director. Y entonces fue cuando se lió.
La versión de Scott difería en tres detalles de la primera versión, pero la película cobraba un total nuevo significado.

¿Por qué? Pues porque Scott eliminó la voz en off del personaje de Deckard quitando al espectador la posibilidad de conocer qué piensa el personaje y añadió éste plano:

Un unicornio. Los productores habían obligado a quitar el plano del unicornio en la primera versión porque no aportaba nada a la historia. Y como hemos dicho antes, si un plano no aporta a la historia, ¿por qué usarlo?

Pero, el no significado de ese plano se debe a otra obligación impuesta por productores: el final.

Un hollywood happy ending que, desde mi punto de vista desfigurando el sentido de la historia, cerraba la trama de la película. Y en la que el unicornio no pintaba para nada.

Sin embargo, Scott no estaba contento con esto, y en su montaje quitó esta escena y dejó el siguiente final:

Y se hizo  la magia porque este final, unido al famoso plano del unicornio, abría un nuevo arco de posibilidades para la película. Y sin respuesta. Porque desde entonces fans de todo el mundo han discutido una cuestió: ¿Es Deckard un replicante?

En la versión de Scott hay muchos indicativos que hacen pensar que lo es. Y es que, además, es de lo que habla la película. Replicantes que se sienten humanos y ya no se diferencian de ellos.

Pero, no hay respuesta porque ni quienes hicieron la película la tienen. Scott afirmó que para él Deckard era un replicante. Ford dijo que él nunca pensó que lo fuese y que le interpretó como si se tratase de un humano.

voilá un plano cambia una película. O su entendimiento. Y esa es la magia del cine, pero, más importante aún, la magia del montaje. Porque una historia es su guión y la última versión de él se realiza en la sala de montaje y, ahí, puedes hacer pasable una película mediocre o destrozar un brillante guión. Porque el montador tiene en sus manos lo que el espectador ve. Y un sólo plano, puede marcar la diferencia.

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Castillo de naipes

07/02/2012

Al inicio de la escritura este post, acabo de terminar de ver la magnífica serie House of Cards de la BBC, formada por tres miniseries de cuatro capítulos cada uno. Lo primero, admitir que la conocí gracias a filmin, página en la que comencé a poner, hace poco, mi dinero mensualmente para poder ver éste tipo de contenidos; algo de lo que aún no me arrepiento.

House of Cards es una serie que tras veinte años sigue siendo innovadora en múltiples sentidos. Y se agradece. Primero porque es tan veraz y muestra tanta maldad en el gobierno como lo hizo más tarde The Wire o como The thick of It retomaría en forma de comedia.

Segundo porque muestra el recurso de hablar en cámara para explicar al espectador qué está ocurriendo, qué está pensando el protagonista o cómo son los demás jugadores del preciso ajedrez del gobierno de la gran nación de Reino Unido. Un recurso que, por ejemplo, ahora mismo estamos viendo en House of Lies, aunque en el caso de House of Cards mucho mejor integrado en la acción, sin necesidad de usar ese congelado en la acción que hace Don Cheadle.

Thatcher con traje y sombrero

Pero, sobretodo, por el magnífico personaje protagonista de la serie: Francis Urquart interpretado magníficamente por Ian Richardson. Durante las tres temporadas vemos el camino del personaje: ascensión, mantenimiento y caída. De un hombre, ficticio afortunadamente, que tras el mandato de Margaret Thatcher, cuando todo el mundo pide cambio, consigue instaurar un gobierno más duro si cabe. Un hombre que inicia la historia como el “amigo tonto” del que nadie ve peligro, pero en el que todos confían y que gracias a su astucia consigue deshacerse de sus rivales para ser Primer Ministro. De un hombre que nos parece afable al principio y que poco a poco evoluciona pasando a ser cada vez peor, más egocéntrico, al que no le importa qué hacer para lograr su propósito. Un hombre que es peor que House en actitud y, peor de todo, mucho más hipócrita y falso que es (lo que le hace ser tan buen político). Y un personaje al que, incluso con todo eso, no consigues dejar de desear que su plan funcione.

Y lo que más me gusta de esta serie es que, veinte años después, sería difícil hacer algo similar. Hace una crítica tan brutal de un gobierno que había controlado el país hasta unos meses antes y, además desde la cadena principal y pública del país; que es totalmente admirable. Porque estoy seguro de que ni en una cadena privada de cable estadounidense se haría esta serie. Segurísimo. Esto no es The West Wing y por mucho que vuelva Sorkin al tema de la política no lo hará con esta cara. Esta crítica pura no será capaz de repetirse. Y está tan bien hecha que parece que se estrenó ayer mismo (si no fuese por el 4:3 que tanto odio, pero comprendo en este caso, lógicamente).

Una serie para ver con pausa, pues sus capítulos de 50 min. aprox. son tan o más densos que los de The Wire y requieren asimilación. Pero, que todo aquel al que le guste la televisión; bueno, más bien la ficción (o no tanta) en general, debería ver sin duda.

¿Que si la recomiendo? You might well think that. I couldn’t possibly comment.

PD: Con esta manía de los remakes se supone que van a hacer uno en USA con Kevin Speacy como protagonista. A ver cómo va la cosa.

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El guión sin imágenes

05/02/2012

Me salgo en esta ocasión un poco de mi discurso tradicional para centrarme, en lugar de en el cine o la televisión, en la radio.

Recientemente he comenzado a oír la Ficción Sonora de RNE, una magnífica muestra del poder sonoro y de lo que significa un magistral guión. Robert McKee dice en su libro “El Guión” algo que todo guionista sabe: El diálogo mueve la acción. Sin embargo, destacaba que no todo tenía que ocurrir mediante la verborrea de los personajes, no todo se podía decir, sino que había que seguir el precepto clásico de: muestra, no digas. Según McKee la idea básica es que hay que contar todo lo que se pueda mediante imágenes, pues el guión ha de ser lo último que se escriba y cuanto menor de éste haya mayor será su efecto.

Sin embargo, como es lógico, esto no ocurre en la radio. La radio tiene la dificultad de que se atiene a sólo uno de nuestros sentidos. Sólo podemos oír. En este caso no se puede mostrar, todo hay que decirlo. Y ahí reside la gran dificultad: ¿cómo podemos contar una historia de 90 min. mediante efectos sonoros y la voz humana?

En fila, como si tocaran una sinfonía

Es increíblemente difícil. Se tiene que tener un guión muy bien estructurado, que logre mantener en vilo a quien lo escuche constantemente, con una historia profunda que se alíe con una parte que haga mantener la atención del oyente. Pero, se puede hacer, ¡y vaya que si se puede hacer! Una muestra de ello es la modernización de la historia de Drácula de Bram Stoker que se puede escuchar aquí. Esta magnífica adaptación de Alfonso Latorre. En este caso se ha conseguido que sin una voz en off, únicamente mediante los diálogos de los personajes se consigue desarrollar la historia de Vlad Tepes, Mina Murray y Jonathan Harker. Bueno, no únicamente, pues en este caso la máxima de muestra, no digas se ha cambiado, en parte, por una que podríamos denominar efectiza, no digas. Los efectos sonoros son totalmente increíbles en esta historia, haciendo que brillen los escenarios y se muestren en nuestra mente como si de una imagen se tratase. Y todo con el uso de un sólo sentido.

Esto es una prueba de que nada sobra en ningún momento. Ni en el cine, ni en la televisión. El sonido, los efectos, la música suelen menospreciarse, tener menos atención tanto por parte de creadores como de espectadores; pero, la radio, mediante ejercicios como estos demuestra que bien usados pueden ser tan o más evocadores que la imagen.

Si subordinamos imagen y/o sonido a un buen guión, nada puede salir mal. No lo olvidemos. La radio ficción lo demuestra. Y, afortunadamente, muchas películas también.

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La cuenta pendiente

04/02/2012

Aún habiendo sido estrenada en EEUU a finales de Septiembre del año pasado no ha sido hasta éste fin de semana cuando se ha estrenado  Moneyball (Bennet Miller, 2011) en nuestro país.

Es curioso el hecho que para tratarse del deporte más seguido en el país que gobierna Mr. Obama hay pocas películas que se centren en el deporte en sí, más que lo use como una excusa. Recordemos que los personajes siempre llevan la historia, pero creo que en contadas ocasiones había sido la trama principal tan centrada en el deporte en sí.

Billy Beane no escuchando a su equipo.

Moneyball es una película entretenida, no una obra maestra, pero que deja un buen guión y magníficas interpretaciones. Entre ellas destaca, más que la que le ha valido la nominación a los Oscars a Brad Pitt, la que ha conseguido la nominación como secundario a Jonah Hill al que nadie consideraba un actor suficiente hasta este momento. Y, la “magia” del guión de Moneyball es que no sale del estadio.

Recordemos la sinopsis de la película:

“Billy Beane (Brad Pitt), el director general de un equipo de béisbol de Oakland, logra mantenerse en los primeros puestos e incluso llegar a la final del campeonato durante varios años consecutivos, a pesar de contar con uno de los presupuestos más bajos de todas las grandes ligas. Entonces decide cambiar el sistema.”

Y eso es lo que muestra la película. No hay tramas no relacionadas con el equipo de baseball (sólo una pequeña entre Beane y su hija), ni nos centramos en los personajes su decaída, ect. La subtrama principal que se da entre Beane – Peter Brand (Hill), en un carácter de maestro discípulo mezclado con amistas y que es la que mueve la historia. Y, sin embargo, no vemos apenas el campo. Como el propio Beane durante los partidos, sólo vemos pequeños fragmentos de lo que sucede. Y tampoco nos interesa. Porque la historia trata de lo que sucede en el despacho, no en el campo.

Moneyball (donde se nota, y mucho, la mano de Aaron Sorkin en el guión) es al baseball lo que Any given Sunday (Oliver Stone, 1999) era al fútbol americano, incluso con la espectacularidad de las imágenes de los partidos, aunque sin el uso de tanto metraje de ellos como hacía Stone. Aún así, Any given…, una película infravalorada desde mi punto de vista, mostraba perfectamente el juego de despachos, las idas y venidas de los jugadores. Cómo se alcanzaba la fama y se caía al día siguiente. Hasta cierto punto de vista esto muestra Moneyball, con la curiosidad de que en este caso se basa en hechos reales.

A pesar de ello, el cine le tiene una gran deuda al deporte. Pocas películas logran capturar bien la magia de los deportes, dejando de lado la espectacularidad y buscando una historia interesante que mostrar. El boxeo es el único que realmente ha sabido el cine captar. Son innumerables las películas al respecto, destacando, lógicamente Rocky (John G. Aldvinsen, 1976) y Raging Bull (Martin Scorsese, 1980). En un cambio de punto de vista, las modernas sobre lucha, The Westler (Darren Aronofsky, 2009) o la inédita en España Warrior (Gavin O’Connor,2011).

Tom Hardy y Joel Edgerton hermanos a puños en Warrior

Sin embargo, pocos más son los deportes que han tenido la suerte de ser bien reflejados en la pantalla. Hay buenas películas, pero no una sobre la que podamos discutir si es una obra maestra del propio deporte. El baloncesto, precisamente, es uno de estos deportes tan mostrados, pero que no han sido capturados realmente.

En un intento de hacer esto en el fútbol se originó Goal! (Danny Canon, 2005) una película que se acercó, aunque lo que le hizo perderse fue la búsqueda de espectacularidad y de “realismo” a base de colocar la cara de los jugadores patrocinados por nike en la película. En escenas no necesarias. Pues su aparición en los partidos sí que aportaban a la historia. Pero, en su búsqueda de creación de una trilogía se perdió el sentido y fracasó.

Es una pena que un deporte tan importante en nuestro país como es el fútbol no tenga una película de estas características. Pero, uno de los problemas principales es la dificultad que tiene de ser capturado en 24fps. El fútbol americano tiene pausas, jugadas, arrancadas y paradas. Es muy cinematográfico. El fútbol, un deporte en continuo movimiento, acaba quedando falso al ser mostrado en la pantalla. Incluso en el spot de Guy Ritchie que muestra en primera persona al futbolista sigue dando esta sensación de falsedad.

Pero, sin embargo, en nuestro país (como seguro en otros como Inglaterra o Italia) los despachos de equipos de fútbol tienen múltiples historias que contar. Estoy seguro. Y es una pena que en nuestro país no se vaya a hacer nunca un Moneyball o un Any given Sunday. Por que la realidad es que esas películas siempre hacen quedar mal a alguien. Y con la fuerza que tiene el negocio del fútbol, mejor no hacerlo si quieres llegar al día siguiente.