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Castillo de naipes

07/02/2012

Al inicio de la escritura este post, acabo de terminar de ver la magnífica serie House of Cards de la BBC, formada por tres miniseries de cuatro capítulos cada uno. Lo primero, admitir que la conocí gracias a filmin, página en la que comencé a poner, hace poco, mi dinero mensualmente para poder ver éste tipo de contenidos; algo de lo que aún no me arrepiento.

House of Cards es una serie que tras veinte años sigue siendo innovadora en múltiples sentidos. Y se agradece. Primero porque es tan veraz y muestra tanta maldad en el gobierno como lo hizo más tarde The Wire o como The thick of It retomaría en forma de comedia.

Segundo porque muestra el recurso de hablar en cámara para explicar al espectador qué está ocurriendo, qué está pensando el protagonista o cómo son los demás jugadores del preciso ajedrez del gobierno de la gran nación de Reino Unido. Un recurso que, por ejemplo, ahora mismo estamos viendo en House of Lies, aunque en el caso de House of Cards mucho mejor integrado en la acción, sin necesidad de usar ese congelado en la acción que hace Don Cheadle.

Thatcher con traje y sombrero

Pero, sobretodo, por el magnífico personaje protagonista de la serie: Francis Urquart interpretado magníficamente por Ian Richardson. Durante las tres temporadas vemos el camino del personaje: ascensión, mantenimiento y caída. De un hombre, ficticio afortunadamente, que tras el mandato de Margaret Thatcher, cuando todo el mundo pide cambio, consigue instaurar un gobierno más duro si cabe. Un hombre que inicia la historia como el “amigo tonto” del que nadie ve peligro, pero en el que todos confían y que gracias a su astucia consigue deshacerse de sus rivales para ser Primer Ministro. De un hombre que nos parece afable al principio y que poco a poco evoluciona pasando a ser cada vez peor, más egocéntrico, al que no le importa qué hacer para lograr su propósito. Un hombre que es peor que House en actitud y, peor de todo, mucho más hipócrita y falso que es (lo que le hace ser tan buen político). Y un personaje al que, incluso con todo eso, no consigues dejar de desear que su plan funcione.

Y lo que más me gusta de esta serie es que, veinte años después, sería difícil hacer algo similar. Hace una crítica tan brutal de un gobierno que había controlado el país hasta unos meses antes y, además desde la cadena principal y pública del país; que es totalmente admirable. Porque estoy seguro de que ni en una cadena privada de cable estadounidense se haría esta serie. Segurísimo. Esto no es The West Wing y por mucho que vuelva Sorkin al tema de la política no lo hará con esta cara. Esta crítica pura no será capaz de repetirse. Y está tan bien hecha que parece que se estrenó ayer mismo (si no fuese por el 4:3 que tanto odio, pero comprendo en este caso, lógicamente).

Una serie para ver con pausa, pues sus capítulos de 50 min. aprox. son tan o más densos que los de The Wire y requieren asimilación. Pero, que todo aquel al que le guste la televisión; bueno, más bien la ficción (o no tanta) en general, debería ver sin duda.

¿Que si la recomiendo? You might well think that. I couldn’t possibly comment.

PD: Con esta manía de los remakes se supone que van a hacer uno en USA con Kevin Speacy como protagonista. A ver cómo va la cosa.

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