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El tercer acto

27/03/2012

¿Qué es lo que hace que sigas con una película una vez has visto los primeros treinta segundos? ¿Qué te mantiene sentado en la butaca o en la silla, sofá, taburete, suelo… que corresponda?

Hay dos momentos críticos de la película de cara al espectador. El primero y el tercer acto. Suele decirse que el nudo del relato, debido a su larga duración y a que es (hasta cierto punto) un conector entre un inicio y un final es el más complicado de escribir. Pero, es indudable que en una película los momentos fundamentales son los iniciales y los finales.

El momento inicial porque es aquel que te tiene que atrapar. En el que la historia te resulte atractiva. La que te presente unos personajes interesantes, una historia que quieras ver. Ya sea mediante la intriga, el terror, o cualquier otra técnica en la que se base la película. Tiene que preparar el escaparate, poner todo muy bonito (nunca a costa de no avanzar en la historia por ello) y hacer que les “compres” la película. Es muy fácil quitar una película de la tele o el ordenador cuando va sólo cinco minutos. No tanto si ya has visto 25 o 30. Si consigues que el espectador llegue hasta ese punto te la han comprado.

El otro lógico punto clave es el del tercer acto. Cuando hacemos memoria de una película siempre recordamos su historia, sus personajes, quizá una escena brutal. Pero, rara es la ocasión en la que olvidamos el final. Si no recordamos cómo acababa malo.

I'm Tyler Durden. Am I?

En el tercer acto es cuando o todo se pone tan cuesta arriba, todo se jode tanto, que el espectador se angustia de cómo de jodida va a acabar la cosa. O cuando todo coge carrera hasta el climax final. En muchas ocasiones una gran revelación hace que a aquel que ve la película se le cierre el culo durante varios minutos. Esto puede suceder en el segundo punto de giro, al inicio del tercer acto; o en el climax final.

De una forma u otra, la clave en este asunto es que cuando acabamos de ver una película es su final lo que recordamos con más exactitud. Y suele ser lo que nos marca si nos ha gustado o no. Una película magnífica durante más de la mitad, pero con un final caótico, confuso, mal llevado a cabo o risible acabará por dejarnos mal sabor de boca. Una película con inicio duditativo, o un desarrollo mediocre; si tiene un buen final, acabará dejándonos más contentos a la salida del cine.

Esa es nuestra simple naturaleza.

En este respecto yo he sufrido hace poco cada uno de los dos casos. El primero me ocurrió con la película de Rodrigo Cortés Red Lights (Rodrigo Cortés, 2012). La película me atrapó desde un inicio. A pesar de jugar con personajes demasiado cliché su historia me estaba resultando interesante. Los momentos de tensión estaban bien resueltos. Me estaba gustando. Llegó el tercer acto y me atrajo más. Era el gran final. Un final que se presentaba a nivel. Spoiler final de película .

¿Cómo lo hace Silver?

Sin embargo, cuando de repente descubrimos que el timo es Silver (algo que llevamos toda la película queriendo demostrar y, por tanto, nos alegramos porque así sea) y que es Buckley el que tiene poderes extraños, cuál el teatro en el que se da la última secuencia, la película a mí también se me cayó encima. Cortés afirma que el final es lógico y con ello no me meteré. Para mí es un gran Deus ex machina.

Que una película que durante 1:40h trate de venderme que no hay nada paranormal y en la que el protagonista busque, durante férreamente, demostrar la verdad, no puede sacarse tal truco de la manga. Creo yo.

Fin Spoiler. De esta forma, lo que era una película buena, muy bien realizada y con buenas interpretaciones, pasó a dejarme un regusto amargo. Tanto que lo primero que comento sobre ella es siempre este hecho. Lo que me decepcionó el final.

En el lado opuesto está Take Shelter (Jeff Nichols, 2011). Esta película, aún inédita en España, cumple precisamente con lo contrario.

Era una película que me estaba llevando un poco por el camino de la amargura. No porque estuviese mal, ni mucho menos. Sin embargo, la historia parecía llegar a dar algún rodeo. Me trataba de mostrar a los personajes, lo que les sucedía. Y aunque estaba interesado, en algún momento tenía que esforzarme en seguir mirando la pantalla, porque pensaba que tal cómo se estaba desarrollando la historia acabaría mal. No me daría un final. Sin embargo, llegó la tormenta y el tercer acto.

¿Cuándo llegará la tormenta?

Los veinte minutos finales se componen de dos secuencias, que se llevan a cabo principalmente en dos localizaciones. En estas dos secuencias el director te mueve de un punto de vista a su opuesto. De una forma genial.

La escena del refugio es brutal. Mantiene un pulso de dirección increíble. Hace que te mantenga el interés en todo momento. Era el momento que llevabas hora y media esperando. Y da igual cuánto te hayas aburrido/divertido con lo anterior. El juego de interpretación de los actores y la puesta en escena hace que no puedas dejar de prestar atención. Si has estado algo distraído hasta ese momento, ya no lo estarás. Te olvidas de qué más hay. Te olvidas de si estás en casa o en el cine. Te olvidas del iPhone o el ordenador. Para ti, cómo para los personajes, ese oscuro refugio es lo único que hay. Y te vuelcas. Das la mano a los personajes cuando deben salir de él.

En la escena final. De simple realización, pero gran carga emocional, reforzada con una canción increíble, tu corazón se pone a 130 pulsaciones. Da igual cómo te hayas sentido hasta el segundo punto de giro de la historia. Porque a partir de entonces te has sentido uno más de ellos. Sentías lo que ellos sentían. Querías lo que ellos querían. Desde que entraron en el negro y oscuro refugio, eres uno con los personajes. Y en el final, la emoción y excitación que sufren te acompaña. Hasta que la imagen corta a negro.

Y, entonces, te das cuenta de que puede que la primera hora y media de la película no haya sido excelente, pero que el gran final es lo que te ha gustado. El gran final es lo que recordarás. Lo que hará que digas que te gusta.

Porque al final, más que nada, todos lo que buscamos es eso en la vida. Más que un gran inicio, un gran final.

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