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Yo reivindico

30/03/2012

Yo reivindico el cortometraje como género. Al igual que existieron los entremeses de teatro y que existen los cuentos en la literatura, los cortometrajes han de existir en el cine. Sin embargo, hay algo que los diferencia del estos otros géneros literarios. La actitud de la gente hacía ellos.

En el cine el cortometraje sólo se ve como un medio para darse a conocer. Como un trampolín a la fama. Como una forma de impresionar al personal. O como una forma de aprendizaje. Así, en visión general, el cortometraje es o bien universitario (y cutre) o una obra maestra.

Sí, ya sé qué vais a decir: “No, yo no pienso eso”. Pero, al final, a todos nos pasa. Todos lo pensamos. Es lo hace que no nos pensemos dos veces ir a ver una peli al cine, aún a pesar que no sepamos nada de ella; pero, sí dudar cuando la opción a ver es una serie de cortometrajes. Y así comienza la pescadilla que se come la cola. Porque si los tratamos como tal, al final sólo serán eso y si sólo son eso, pues los trataremos como tal.

Pero, el cortometraje no siempre debería ser visto así, pues en muchos casos es el medio de llevar a cabo una historia. No por presupuesto, no por falta de posibilidades de hacer algo mayor, sino porque no hay más que contar. Si una historia ocupa 20 minutos, no se puede contar en 90′. Y no hay más. Hay ciertas historias que sólo funcionan en un formato corto.

Llegar a las 8:40 de la mañana sería imposible

Yo quiero hacer un largometraje. Es cierto. Por un lado porque es lo que me gusta y disfruto y, por otro, porque aunque así lo quisiera, no se puede vivir del mundo del cortometraje. Pero, hay muchas historias que he escrito que sólo funcionan a una medida tan pequeña. Y, lo he tratado, en serio, he tratado de alargarlas. Pero, cuando no hay de donde sacar, no hay. La única forma de alargar algo en estos casos es usar trucos baratos. Sacar paja. Engañar al personal. O intentarlo. Porque al final siempre identificamos cuándo nos tratan de engañar, ¿o no? (guiño, guiño).

Son muy pocos los directores que vuelven al formato corto después de haber rodado una película. Se comprende y, además, hasta cierto punto se agradece. Por un lado, así se deja más espacio para los que vienen por detrás, nuevos y con ganas (y sí, parece que me estoy contradiciendo a mí mismo ahora, pero es esta la paradoja que crea el tema del cortometraje). Sin embargo, por el otro lado, si fuesen más los que volviesen a sus orígenes, aunque sea de manera puntual, también se haría ganar un poco más en fama al formato.

Sin embargo, hoy en día hay una gran cantidad de festivales dedicados en exclusiva a éstos. Es un avance. Una buena forma de promoción y una buena forma de reivindicación. El problema es que tienden a estar demasiado lejos del público, incluso en el caso de que formen parte de un festival mayor.

En resumen, creo que en ningún momento hay que menospreciar el cortometraje, no tanto como se hace en algunas ocasiones. La literatura no sería nada sin los cuentos cortos (que se lo digan sino a Poe) y opino que, el cine, sin cortometrajes se encontraría demasiado cojo también.

Eso dice mucho de ellos.

PD: Y, lógicamente, acompaño el post con un par de cortometrajes muy buenos:

(parte 2 y 3 también disponibles en youtube)

(Recomendada toda la filmografía de Nacho Vigalondo)

(Buena demostración de lo que es una buena puesta en escena)

(Clásico de la historia del cine en el que se fijó Terry Gilliam para hacer 12 monkeys (Terry Gilliam, 1995))

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