Archive for the ‘Opiniones’ Category

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El falso patriotismo de Campofrío

17/12/2012

Esta tarde me he llevado una desagradable sorpresa. De repente, he visto el nuevo anuncio de Campofrío. Después del gran anuncio de los cómicos del año pasado, este año han tratado de seguir la línea con este video, que ha gustado a todo el mundo, al parecer:

Y yo me he enfadado mucho al verlo. Porque me ha parecido un video panfletario, ideológico y que trata de llevarnos a asumir un orgullo patrio totalmente falso.

Para comprender bien por qué opino esto, es fundamental ver el siguiente video. Hace más de cuatro años, Raúl Minchinela, explicaba en su famoso videoblog Las reflexiones de repronto el extraño caso de la metáfora representada por Godzilla desde sus inicios.

Aquí se explica cómo Godzilla en sus inicios, en los años ’50, era una representación de la bomba H americana. Se trataba del invasor extranjero que venía a destruir la pobre ciudad japonesa. Sin embargo, con el paso del tiempo, y la popularidad del monstruo, Godzilla pasaría a convertirse en el símbolo de Japón. Japón asumiría el monstruo como algo nacional e incluso Godzilla ayudaría a salvar la nación en películas posteriores, las típicas películas de enfrentamiento contra otros monstruos. En los casos de Godzilla vs … Godzilla sería el defensor del país ante la amenaza externa.

Hay sociedades que hacen símbolo de las derrotas y otras que se ciegan en la victoria. En España recordamos nuestros mayores fracasos, como la Guerra de Cuba o la Armada Invencible. Gozilla podría ser Español, pero dificilmente veríamos a los norteamericanos hacer una película en la que se salvasen con la ayuda de un país extranjero.

Esto, que quizá pueda parecer no tener nada en común con el anuncio de Campofrío puesto arriba, en realidad es exactamente lo mismo que se muestra en el video.

Tenemos a un Fofito que nos dice claramente que tenemos que mirar al pasado. No hay nada de orgullo en presente o futuro. De eso no podemos estar orgullosos. Todo orgullo patrio que podamos encontrar estará en lo que ya hemos hecho. ¿Y por qué es esto? Fácil, porque al haberlo hecho ya ha sido visto por los demás y, por tanto, establecido como una buena o mala cosa.

Para comprender esto mejor cojamos la lista que en este mismo anuncio se hace de cosas de la que los españoles debemos estar orgullosos:

7 premios nobel. Primeros en las listas de donación de órganos. Idiomas: castellano, euskera, catalán, gallego, valenciano (el valenciano no es un idioma oficial de España), el bable (tampoco es un idioma oficial de España). 7 oscars de Hollywood. El Silbo Gomero. Los deportes. Tren alta velocidad. Generación del 27. El Quijote. La fregona. La paella. Las torrijas. Velazquez. Los yayoflautas. Las magdalenas. Infraestructuras.

De esta lista, la mayor parte de ellas son cuestiones que se deciden en competición con otros países o personas (premios nobel, deportes, donación de órganos, oscars, etc.). Son todos reconocimientos externos hacía la victoria en un tipo de competición.

Otra gran parte de ello son reconocimientos que otros nos hacen desde el extranjero. Un reconocimiento dado a una forma de realizar las cosas: la pella, el Quijote, la fregona, el silbo gomero, el AVE… incluso la mención de las infraestructuras, que tenían como objetivo una búsqueda del reconocimiento externo, que otros viesen lo bueno que éramos en este sentido. De nuevo, tenemos un reconocimiento hacía algo de producción española, pero desde un punto de vista extranjero. Son nuestros vecinos de otros países los que nos dicen que lo hemos hecho bien. 

La única pequeña parte de esta lista que marcan cosas que los españoles reconocemos como nuestras sin que estén consolidadas en el extranjero (yayosflautas, torrijas, magdalenas…) en el anuncio funcionan como un contrapunto humorístico en el caos que se está produciendo en la escena en el que se hace el listado. Aunque se manifiesta como orgullo propio, indicado por nosotros mismos; en esta parte de la lista lo que se deduce es que nuestra opinión no tiene que ser tomada a cuenta. Todo esto es muy gracioso, pero da igual. No puedes tomarlo como orgullo porque los de fuera no lo ven como tal y, por tanto, no cuenta. Si no está valorado desde fuera no tiene ninguna relevancia. No sirve para nada. Para que puedas tener reconocimiento propio de algo, dicha cosa ha de ser, a su vez, reconocida por otros.

La escena más vergonzosa del anuncio, sin duda alguna, es aquella en la que le gritan a Fofito mientras va andando por la calle: ‘No te olvides de los jóvenes. Que exportamos la generación más preparada de la historia’ a lo que añade una muchacha que se aleja con una maleta: ‘Pero, volveremos’. Aquí se manifiesta de misma manera la idea anterior. Tenemos una gran generación, la más preparada. Pero, no hay lugar para ellos. Han de salir a fuera y consolidarse como algo de lo que sentirse orgullosos y entonces, y sólo entonces, sentiremos el orgullo hacía ella. El volveremos en realidad quiere decir ‘volveremos y estaréis orgullosos de nosotros’ y eso orgullo se deberá a que los demás, los habitantes de esos países de los que vuelvan, nos dirán lo buenos que eran y el orgullo que deberían hacernos sentir. En ese momento, cuando se hayan consolidado también externamente es cuando finalmente podremos sentirnos orgullosos de la generación.

Todo esto algo que no sucede en otros países. Volviendo al caso americano (mayor ejemplo en este sentido), ellos se sienten orgullosos de muchas cuestiones que creen motivo de orgullo nacional: patriotismo americano, regulación de armas, el modelo de boy scout y el american way of life… Desde el exterior no es visto como algo de lo que sentirse orgulloso, pero a ellos no les importa. Toman orgullosamente aquello que creen que les define, sin importar si el resto lo ven de la misma manera. Lo mismo ocurre en otros países como Alemania o Francia.

Sucede en países con una mentalidad distinta a la nuestra. Países que se definen a sí mismos como nación, no se ven definidos por los demás. En España nos definimos desde fuera. Nos definimos por nuestras derrotas y necesitamos a los demás para que nos digan de qué debemos sentirnos orgullosos. Y, el verdadero problema, es que anuncios como este hace que asumamos esta indicación externa como una elección propia. Pensamos que el reconocimiento que nos hacen, en realidad es uno que nos estamos haciendo nosotros mismos. Cuando no es cierto.

No digo que parte de estas cosas no deban ser motivo de orgullo. No ataco ni tan siquiera a la idea de identidad nacional (de la que, a decir verdad, cada vez me encuentro más contrario). Lo que hablo aquí es de cómo este anuncio refleja una España en la que tratamos de hacer nuestro lo que vemos está consolidado fuera. Nuestros actores o directores sirven cuando alguien del extranjero lo ha dicho. Nuestro fútbol es bueno si hemos ganado más allá de nuestras fronteras. Un científico vale si ha recibido un premio sueco o le han nombrado en una revista americana. No critico el objeto del orgullo en sí mismo sino la forma.

Al final, este reconocimiento que hace Campofrío a nuestro orgullo patrio, no deja de ser el Godzilla alzándose ante el Sol Naciente. El enemigo invasor que acaba siendo asumido como símbolo del país y orgullo de la nación. Nuestro icono como identidad que antes ha tenido que ser aceptado por el resto del planeta.

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El guión sin imágenes

05/02/2012

Me salgo en esta ocasión un poco de mi discurso tradicional para centrarme, en lugar de en el cine o la televisión, en la radio.

Recientemente he comenzado a oír la Ficción Sonora de RNE, una magnífica muestra del poder sonoro y de lo que significa un magistral guión. Robert McKee dice en su libro “El Guión” algo que todo guionista sabe: El diálogo mueve la acción. Sin embargo, destacaba que no todo tenía que ocurrir mediante la verborrea de los personajes, no todo se podía decir, sino que había que seguir el precepto clásico de: muestra, no digas. Según McKee la idea básica es que hay que contar todo lo que se pueda mediante imágenes, pues el guión ha de ser lo último que se escriba y cuanto menor de éste haya mayor será su efecto.

Sin embargo, como es lógico, esto no ocurre en la radio. La radio tiene la dificultad de que se atiene a sólo uno de nuestros sentidos. Sólo podemos oír. En este caso no se puede mostrar, todo hay que decirlo. Y ahí reside la gran dificultad: ¿cómo podemos contar una historia de 90 min. mediante efectos sonoros y la voz humana?

En fila, como si tocaran una sinfonía

Es increíblemente difícil. Se tiene que tener un guión muy bien estructurado, que logre mantener en vilo a quien lo escuche constantemente, con una historia profunda que se alíe con una parte que haga mantener la atención del oyente. Pero, se puede hacer, ¡y vaya que si se puede hacer! Una muestra de ello es la modernización de la historia de Drácula de Bram Stoker que se puede escuchar aquí. Esta magnífica adaptación de Alfonso Latorre. En este caso se ha conseguido que sin una voz en off, únicamente mediante los diálogos de los personajes se consigue desarrollar la historia de Vlad Tepes, Mina Murray y Jonathan Harker. Bueno, no únicamente, pues en este caso la máxima de muestra, no digas se ha cambiado, en parte, por una que podríamos denominar efectiza, no digas. Los efectos sonoros son totalmente increíbles en esta historia, haciendo que brillen los escenarios y se muestren en nuestra mente como si de una imagen se tratase. Y todo con el uso de un sólo sentido.

Esto es una prueba de que nada sobra en ningún momento. Ni en el cine, ni en la televisión. El sonido, los efectos, la música suelen menospreciarse, tener menos atención tanto por parte de creadores como de espectadores; pero, la radio, mediante ejercicios como estos demuestra que bien usados pueden ser tan o más evocadores que la imagen.

Si subordinamos imagen y/o sonido a un buen guión, nada puede salir mal. No lo olvidemos. La radio ficción lo demuestra. Y, afortunadamente, muchas películas también.

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La cuenta pendiente

04/02/2012

Aún habiendo sido estrenada en EEUU a finales de Septiembre del año pasado no ha sido hasta éste fin de semana cuando se ha estrenado  Moneyball (Bennet Miller, 2011) en nuestro país.

Es curioso el hecho que para tratarse del deporte más seguido en el país que gobierna Mr. Obama hay pocas películas que se centren en el deporte en sí, más que lo use como una excusa. Recordemos que los personajes siempre llevan la historia, pero creo que en contadas ocasiones había sido la trama principal tan centrada en el deporte en sí.

Billy Beane no escuchando a su equipo.

Moneyball es una película entretenida, no una obra maestra, pero que deja un buen guión y magníficas interpretaciones. Entre ellas destaca, más que la que le ha valido la nominación a los Oscars a Brad Pitt, la que ha conseguido la nominación como secundario a Jonah Hill al que nadie consideraba un actor suficiente hasta este momento. Y, la “magia” del guión de Moneyball es que no sale del estadio.

Recordemos la sinopsis de la película:

“Billy Beane (Brad Pitt), el director general de un equipo de béisbol de Oakland, logra mantenerse en los primeros puestos e incluso llegar a la final del campeonato durante varios años consecutivos, a pesar de contar con uno de los presupuestos más bajos de todas las grandes ligas. Entonces decide cambiar el sistema.”

Y eso es lo que muestra la película. No hay tramas no relacionadas con el equipo de baseball (sólo una pequeña entre Beane y su hija), ni nos centramos en los personajes su decaída, ect. La subtrama principal que se da entre Beane – Peter Brand (Hill), en un carácter de maestro discípulo mezclado con amistas y que es la que mueve la historia. Y, sin embargo, no vemos apenas el campo. Como el propio Beane durante los partidos, sólo vemos pequeños fragmentos de lo que sucede. Y tampoco nos interesa. Porque la historia trata de lo que sucede en el despacho, no en el campo.

Moneyball (donde se nota, y mucho, la mano de Aaron Sorkin en el guión) es al baseball lo que Any given Sunday (Oliver Stone, 1999) era al fútbol americano, incluso con la espectacularidad de las imágenes de los partidos, aunque sin el uso de tanto metraje de ellos como hacía Stone. Aún así, Any given…, una película infravalorada desde mi punto de vista, mostraba perfectamente el juego de despachos, las idas y venidas de los jugadores. Cómo se alcanzaba la fama y se caía al día siguiente. Hasta cierto punto de vista esto muestra Moneyball, con la curiosidad de que en este caso se basa en hechos reales.

A pesar de ello, el cine le tiene una gran deuda al deporte. Pocas películas logran capturar bien la magia de los deportes, dejando de lado la espectacularidad y buscando una historia interesante que mostrar. El boxeo es el único que realmente ha sabido el cine captar. Son innumerables las películas al respecto, destacando, lógicamente Rocky (John G. Aldvinsen, 1976) y Raging Bull (Martin Scorsese, 1980). En un cambio de punto de vista, las modernas sobre lucha, The Westler (Darren Aronofsky, 2009) o la inédita en España Warrior (Gavin O’Connor,2011).

Tom Hardy y Joel Edgerton hermanos a puños en Warrior

Sin embargo, pocos más son los deportes que han tenido la suerte de ser bien reflejados en la pantalla. Hay buenas películas, pero no una sobre la que podamos discutir si es una obra maestra del propio deporte. El baloncesto, precisamente, es uno de estos deportes tan mostrados, pero que no han sido capturados realmente.

En un intento de hacer esto en el fútbol se originó Goal! (Danny Canon, 2005) una película que se acercó, aunque lo que le hizo perderse fue la búsqueda de espectacularidad y de “realismo” a base de colocar la cara de los jugadores patrocinados por nike en la película. En escenas no necesarias. Pues su aparición en los partidos sí que aportaban a la historia. Pero, en su búsqueda de creación de una trilogía se perdió el sentido y fracasó.

Es una pena que un deporte tan importante en nuestro país como es el fútbol no tenga una película de estas características. Pero, uno de los problemas principales es la dificultad que tiene de ser capturado en 24fps. El fútbol americano tiene pausas, jugadas, arrancadas y paradas. Es muy cinematográfico. El fútbol, un deporte en continuo movimiento, acaba quedando falso al ser mostrado en la pantalla. Incluso en el spot de Guy Ritchie que muestra en primera persona al futbolista sigue dando esta sensación de falsedad.

Pero, sin embargo, en nuestro país (como seguro en otros como Inglaterra o Italia) los despachos de equipos de fútbol tienen múltiples historias que contar. Estoy seguro. Y es una pena que en nuestro país no se vaya a hacer nunca un Moneyball o un Any given Sunday. Por que la realidad es que esas películas siempre hacen quedar mal a alguien. Y con la fuerza que tiene el negocio del fútbol, mejor no hacerlo si quieres llegar al día siguiente.

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Borrón y cuenta nueva

10/10/2011

Nos encontramos en la época del riesgo mínimo posible. Se suele decir que hay una falta de ideas en la cinematografía actual, pero, personalmente, no creo que el problema sea la falta de ideas; sino la falta de convencimiento de aquellos que tienen que llevarla adelante. A muchas de las grandes productoras no les gusta correr riesgos (afortunadamente,  otras basan su filosofía en ello). Así que, desde los Yunaited Eteis of America nos vemos bombardeados por una serie de remakes y reboots constantes. La diferencia entre estos dos términos puede a simple vista ser ínfima, pero realmente es mayor de lo que parece. Mientras que los ramakes son una costumbre de antaño que trata de repetir una película de nuevo años después (en ocasiones con el mismo director no-estadounidense haciendo su película en USA), los reboots son algo más moderno y que en su palabra lleva implícito otro término de la cinematografía estadounidense actual: Saga. Los reboots no son más que inicios de sagas que debían haber ido bien y no lo fueron. O actualizaciones de éstas para un nuevo público (o el antiguo que acudirá a verla). Pero, de una forma u otra, siempre que se habla de un reboot se habla de una saga que se va a reiniciar. Nunca de películas independientes. En la actualidad cada vez vemos más de éstos casos. Sólo con meter las palabras clave “reboot película” en google me han salido en la primera página varias noticias sobre próximos reboots, publicadas durante el mes pasado: Spiderman, Hulk, Batman, Daredevil, El hombre lobo, Mortal Kombat, Dragon Ball, etc. La lista es infinita. Y todas comparten un punto en común: han sido un desastre mayor del esperado, tanto en audiencia como en crítica. Ahora me explico. En el año 2003, con el estreno de Hulk (Ang Lee, 2003) se esperaba un éxito comercial notorio. El personaje era mundialmente famoso, tenía a un gran actor, Eric Bana, recién descubierto en Black Hawk Down, un buen director como Ang Lee. La película se las prometía. Pero no fue así. No tuvo apenas espectadores, no llego a recaudar en los EEUU lo que había costado y, por tanto, fue considerada de fracaso absoluto. Sin embargo, era demasiado dejarlo pasar. El potencial de Hulk era realmente grande. Así que decidieron, cinco años después, realizar un reboot. The incredible Hulk (Louis Leterrier, 2008) estaba protagonizado por otro actor aún mejor, Edward Norton. Resultado… mismo fracaso. Y otra renuncia de actor a interpretar de nuevo el papel, que en esta ocasión, para The Avengers (Josh Whedon, ¿2012?) caerán en manos de Mark Ruffalo.

Aunque claro, también tenemos el caso opuesto, los reboots que consiguen que la saga renazca. El ejemplo evidente: Batman. Christopher Nolan consiguió con Batman Begins (Christopher Nolan, 2005) y sobretodo con The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008) que millones de espectadores que nunca habían tenido interés en Batman disfrutaran enormemente de ésta película. La convirtió en un fenómeno. Y el reto era grande. La última adaptación del vigilante, Batman & Robin (Joel Schumacher, 1997) había sido un auténtico desastre. De hecho, la película aún se mantiene a la cabeza de muchas listas de “Peor película de la historia”.

De una manera u otra, hay algo que comparten los reboots tengan la fortuna que sea. Todos reniegan de sus pasados. El cine tiene la fortuna de poder hacer borrón y cuenta nueva completamente. Puede comenzar de cero una y otra vez sin que el espectador dude o se pregunte por qué lo que vio en el pasado no tiene validación ni existe en esa nueva película. Es la magia de la ficción cinematográfica.

Ojalá ocurriera también eso en la realidad. Ojalá todos pudiésemos decir “hasta aquí” y hacer que todo lo que queramos de nuestro pasado se olvide. Nos facilitaría mucho la vida.

pd: En mi caso, con éste foro no reniego del pasado, pero he decidido tomarlo con un nuevo enfoque. Dejo de lado los asuntos personales para abrirlo a artículos sobre áreas concretas. Mi opinión al respecto, pero nada relacionado con cosas personales. Aprende del pasado y he visto qué quiero con éste blog. La desaparición de varios de los post anteriores es únicamente para que esa identidad que quiero dar de nuevo al blog tenga unidad. Se trata de un reboot particular. A ver qué tal funciona.

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Tiempos Modernos

22/03/2011

Aún recuerdo aquellos años cuando comenzaba a popularizarse Internet. Los años en los que esperabas durante un largo minuto mientras tu modem se conectaba haciendo ruidos extraños. En los que sólo se veía texto html sobre fondos (en una siempre mala elección de combinación de colores) y en los que te acordabas de la familia del tío que había hecho la web por poner una foto en 640×480. Siglos tardaba en cargar.

Eran esos tiempos en los que todos sospechábamos. Miramos a los ordenadores y su red con el rabillo del ojo. Entrábamos, lo comenzábamos a usar, examinábamos qué nos ofrecía; pero no nos fiábamos ni un momento. Era demasiado bueno para ser cierto, demasiado nos ofrecía por tan poco. En algún sitio tenía que estar la trampa. No nos atrevíamos a comenzar a comprar por Internet (seguro que nos robaban el número de tarjeta o nos trataban de cobrar más). ¡Cuidado con los virus! Eso si que era una pandemia o era lo que parecía. Y así una y otra cosa.

Luego, comenzamos a fiarnos, sobretodo los más jóvenes. Descubríamos nuevas cosas y hablábamos con nosotros mismos. Sobretodo hablábamos con nosotros mismos todo el día mediante MSN Messenger y similares (por lo menos eso decíamos nosotros que hacíamos). Junto a los videojuegos, Internet se había convertido, para muchos, en el Apocalipsis de la humanidad. Ya NADIE salía. Ya NADIE se relacionaba si no era por ordenador. Los niños SÓLO estaban interesados en jugar a maquinas infernales creadas por el DIABLO.

Mientras nosotros sabíamos que había algo más. Esto prometía más.

He tenido la suerte de crecer a la par que lo hacía Internet. O quizá es que según he crecido he visto otra parte de Internet que antes no se me había mostrado o no me resultaba interesante. La verdad es que no lo sé. Pero, en el último año mi visión de Internet ha cambiado por completo. No sólo es una fuente de cultura increíble, de información, una herramienta de estudio y de comunicación interpersonal (aunque muchos aún no se lo crean). De algún tiempo atrás, he comenzado a darme cuenta de que es algo mucho más importante. El Futuro. Un futuro que pinta bien. Por lo menos desde mi punto de vista, otro dirán que no va a ser mejor. De una manera u otra lo claro es que es lo que vendrá.

Ahora tenemos FacebookTwitter dos herramientas comunicativas que me parecen fundamentales en el mundo de hoy en día y que sin las que el mundo sería distinto. Además, demuestran lo compleja que es la red, donde lo mismo se hace popular una web en la que puedes comunicarte con cualquier persona del mundo (aunque comenzase como una forma de ligar en Harvard), como una que te reduce tus posibilidades a tan sólo 140 caracteres. Y, a pesar, son dos herramientas que nos acerca noticias en cuestión de minutos, curiosidades en cuestión de segundos y que, además, nos permite conocer gente muy interesante que hubiese sido imposible de otra manera.

Pero es que, además, tenemos Skype que nos permite no tener que esta uno delante del otro para hablar como si lo hiciésemos. Las distancias se reducen. Lo mismo sucede con las herramientas de trabajo en grupo a lo Google Docs o Teambox. Para compartir archivos de trabajo: Dropbox. Podemos ver nuestros programas de televisión pasados en cosas como a la carta de rtve o escuchar música streaming vía Spotify. Con este mismo modelo, podemos ver qué está sucediendo en Nueva Zelanda (literalmente la otra punta del mundo) con sólo pinchar un link.

Pero, esto no nos hace no salir a la calle. Yo esta mañana lo he hecho. Y mañana lo haré. Y pasado. Sigo hablando con mis amigos cara a cara como siempre, aunque ahora puedo hacerlo más, porque también puedo hablar con ellos cuando estamos cada uno en nuestra casa.

Pero, es que, además, he comprendido el potencial que tiene en mi propio campo, el audiovisual. Pensaba que Internet sólo servía para poner cada uno su corto casero o, como mucho, hacer series online de humor para pasar el rato. Pero, he comprendido que no. Desde la distribución a la producción abren nuevos canales de creación mediante Internet. Herramientas como Filmin (películas a precio de risa y no disponible en el medio convencional de distribución) o proyectos como El Cosmonauta (con su gran financiación crowdfunding) lo demuestran. Igualmente, sirve como escaparate, llamar la atención o usarlo como un nuevo medio de difusión de contenidos como con series como Las Crónicas de Maia, Las Reflexiones de Repronto, o Qué vida más triste (que llegó a saltar a la televisión manteniendo su formato).

Pero la clave definitiva está en que ahora mismo estoy estudiando una asignatura en la Universidad en la que nuestro profesor ha decidido enfocarse casi íntegramente en Internet. Estructura de Medios de Comunicación. ¡Estructura de Medios de Comunicación! Francisco Vacas, el profesor que da la asignatura, puede que haya matado demasiado pronto los “medios de comunicación del s. XX” como él los llama. Yo no opino que TV, Radio y Prensa estén acabados. Pero sí que les queda muy poco en su formato actual.

Renovarse o morir. La clave está en Internet. El futuro de unas generaciones por lo menos.

Y aún así, saldremos a la calle. Dejemos las reticencias. Dejemos mirar mal por el rabillo del ojo. Siempre lo nuevo nos ha parecido algo malo. Siempre hemos tenido miedo a ello. Sobretodo aquellos a los que les obliga a cambiar muchas cosas de su vida.

¿Y si tratásemos, simplemente, de adaptarnos a los nuevos medios, al nuevo mundo?

 

pd: Creo que se nota de que me siento orgulloso de colaborar en algunos de los proyectos comentados, aunque sea de forma muy pequeña.

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No es televisión… es C+

21/03/2011

Llevo sin tener tiempo para escribir ya varias semanas. Sin embargo, este era un post que quería escribir desde hace tiempo, así que me he estado dedicando a ir poco a poco, en cualquier pequeño rato que tenía, escribiendo párrafo tras párrafo hasta que lo he acabado. Adoro la HBO me encanta sus series, su forma de ver la televisión. Muchos acusan a estas series de lentas, de que se recrean demasiado, etc. De que quieren jugar a “a ver quién la tiene más larga” por el renombre que ha sacado la sección de ficción de la cadena. Quizá en parte sea así, en alguna ocasión yo también he pensado eso. Pero, aunque pueda pasar en algún momento, la realidad es que sus series son lo mejor de la televisión actual sin duda alguna. Por ello merece la pena. Por ello, la noticia de que Canal + iba a comenzar a hacer productos de ficción propios me cogió, por un lado con entusiasmo y, por otro, con bastante escepticismo. Muchos decían que iban a copiar el modelo HBO, que iban a hacer una cadena a su imagen y semejanza pero con productos autóctonos. Cosas de esa índoles. Algunos les creyeron, otros no, otros nos mostramos a la espera, en modo standby, sin saber realmente qué iba a suceder. Si sería algo bueno o otro fracaso más. Hace varios meses se estrenó el primero de estos productos: ¿Qué fue de Jorge Sanz? Seis capítulos a unos 30 minutos de duración cada uno protagonizados por un Jorge Sanz supuestamente en declive y que se interpreta en parte a él mismo y en otra, no. Tardó en aparecer en Internet para descargar. Muchos, durante nos semanas, nos volvimos locos intentando encontrar los capítulos. Fue la primera señal.

Cuándo por fin pude verla he de decir que me encantó. Me vi los seis capítulos en dos días y hay que decir que se hizo muy corta. Pero era un gran inicio. No era el típico humor patrio que acaba cansando por estar todo el rato repitiendo una y otra vez los mismo chistes y los mismos estereotipos (aunque alguno había, no nos engañemos). Estaba ese ambiente que hace que el personaje principal te de pena, pero no tanto como para crear repulsión (algo que me pasaba con Me llamo Earl). Tenía el punto justo de Entourage para juntarlo con el toquecillo de Extras. Era una mezcla de mil puntos unido a una nueva idea. También decir que me encantó el personaje del creador de la serie de superhéroes con esa ya mítica frase: “Batman es un forrao de la vida que como le sobra la pasta y le sobra el tiempo libre combate el crimen… y posiblemente le desgravará haciendo, el cabrón” Me gustó, sin duda. Era un principio prometedor para Canal +.

Pero, después llegó Crematorio. Se estrenó hace dos semanas. Y eso ya es otro tema. En este caso estamos hablando de una serie que ya no es humor. Una serie con una historia densa, oscura… con un personaje turbio. Con personajes secundarios con sus propios problemas y asuntos. Una hija con problemas familiares por todos lados, una nieta rebelde, una novia tan joven que todos creen que está por el interés, una madre que conoce la verdadera cara de su hijo. Es un producto denso, genial heredero de cualquier capítulo de Los Soprano pero con promotores inmobiliarios en lugar de con Mafiosos de New Jersey. Son capítulos de cincuenta minutos. Con un excelente José Sancho que se sale en el papel. Entre todos los otros actores. Con una cabecera de Loquillo que parece no encajar mucho con el tono, pero que está genial también. Van dos capítulos de los ocho de la primera temporada. Espero que sigan así.

Parece que la TV por fin está comenzando a cambiar en materia de ficción nacional. Como siempre viene de mano de las cadenas privadas. Esperemos que siga así la incercia y aparezcan más series que traten con la misma forma su contenido.

Espero con los brazos abiertos.

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Mi primera lista

22/01/2011

Si hay un leitmotiv en la blogesferaes el de las listas. Se hacen listas de todo: libros recomendados, regalos para freaks, películas que debes ver antes de morir, etc.

A mí, personalmente, no me entusiasman, pero hoy se me ha ocurrido una. No es muy original, pero antes la falta de cosas que hacer, ya sabéis.
Lo que decía, estaba viendo American Beauty (Sam Mendes, 1999) y, pensando en lo buen actor que es Kevin Spacey, se me ha ocurrido, una simple lista de, desde mi punto de vista, mejores actores actuales que hay. Pero, cómo seguro que me he dejado a algún gran actor que, simplemente, no me gusta en demasía, la he cambiado por:

Los cinco actores por los que mataría por trabajar:

  1. Robert Downey Jr.
    Sin duda alguna. Desde mi punto de vista el mejor actor estadounidense que hay en este momento. Tuvo sus problemas, pero tras su recuperación ha llegado con más fuerza. Es un actor que sabe sacar el máximo de sus personajes, tan variopintos como Tony Stark en Iron man (Jon Fevreau, 2008), Steve Lopez en The Soloist (Joe Wright, 2009) y el gran Paul Avery de Zodiac (David Fincher, 2007)
  2. Luis Tosar:
    Pues sí, puede que os sorprenda, pero en la segunda posición en mi lista está un actor español. Un actor como la copa de un pino. Luís Tosar. Me parece uno de los mejores actores que he visto en mucho tiempo y, además, me gusta que quiera trabajar en España. El otro día, promocionando 18 comidas en Buenafuente dijo una frase que me gustó mucho. A la pregunta de ¿por qué no había ido a Hollywood? Respondió serenamente que no veía la necesidad. Simplemente me encantó. Orgulloso de dónde es y el cine que hace. Aunque no me extraña, haciendo papelones como los de También la lluvia (Icíar Bollaín, 2010), Celda 211 (Daniel Monzón, 2009) o Los lunes al Sol (Fernando León de Aranoa, 2001), yo también lo estaría.
  3. Ricardo Darín
    Otro actor de habla hispana, aunque imagino que éste no sorprenderá tanto. Y, es que, Darín es un mago del cine. Todo personaje que toca lo convierte en oro. Solamente poner su rostro al personaje da una nueva dimensión a éste.
    Lógicamente, a él también le preceden grandes actuaciones, una en una reciente película galardonada en los “grandes premios” Oscars (un día hablaré sobre los Oscars y me quedaré a gusto con el despacho). El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009), Carancho (Pablo Trapero, 2010) o El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2001)
  4. Daniel Day-Lewis
    Y en estos dos últimos actores nos vamos a las islas británicas. El primero es inglés: Daniel Day-Lewis. Estoy seguro de que si a alguien le preguntasen cuál es el mejor actor británico que conoce Day-Lewis no sería el primero que se le viniese a la mente, pero yo no lo dudaría. Lo que me gusta de un actor no es sólo que sean buenos, también sus decisiones en proyectos a realizar y su capacidad de interpretar dos personajes opuestos de manera magnífica. Esto, lo tiene Day-Lewis. Sino, ved The last the Mohicans (Michael Mann, i999), In the name of the father (Jim Sheridan, 1993) y Gangs of New York (Martin Scorsese, 2002) y me decís.
  5. Ewan McGregor
    ¿Ewan McGregor? ¿En serio? Pues sí, me parece un magnifico actor también. Tengo una predilección por él desde hace muchos años y, a lo mejor eso es lo que me hace que esté aquí, pero creo que también se lo merece. Es capaz de interpretar a la perfección a un yonki de Edimburgo de los años 90, a un personaje tan extraño como el de Big Fish (Tim Burton, 2003), a un padawan de un universo de fantasía, un ghost writer o un malvado sacerdote que salta de aviones en paracaídas.
    De una manera u otra, sabes que si le pones en tu personaje lo va a clavar. Va a darle una capacidad que otro no puede. Y eso, siempre es bueno.

Y hasta aquí llega mi primera lista bloguera. Veréis que he sido bastante internacional: un americano, un español, un argentino, un inglés y un escocés.

Puede parecer una lista un poco chorrada, pero lo dicho, así he tenido durante 30 minutos algo que hacer.

pd: Para quienes hayan visto American Beauty. Esta película es la mayor prueba de que para poder vivir has de ser un capullo. Si Spacey se hubiera tirado a la rubia, hubiese sido un cabrón, pero se hubiese demostrado que no era gay, por lo que habría sido un cabrón pero con la cabeza aún intacto.

Eso es todo.