Archive for the ‘Reflexiones’ Category

h1

Amanece, atardece

09/09/2012

El mundo de las secuelas de películas en muchas ocasiones es más complejo de lo que parece desde el primer punto de vista. La lógica nos diría que si hacemos una secuela de la película es porque la primera parte funcionó bien y que, aunque cambiado la historia, la secuela tiene que contar con los mismos elementos que formaron parte de la primera y que propiciaron esa popularidad.

La cuestión está en: ¿cuántos de estos elementos hacen realmente falta para hacer que la secuela sea una verdadera continuación de su predecesora? E incluso: ¿Puede una secuela constituirse como una película casi independiente sin que se rompa el hecho mismo de su consideración como secuela?

Pensemos, por ejemplo, en la saga de Spiderman de Sam Raimi. En las tres cambian elementos de la historia, pero se mantienen siempre los mismos puntos que caracterizan la franquicia: personajes (y actores), tramas y subtramas, dilemas, complicaciones, barreras, etc. La película se reinicia argumentalmente con un nuevo malvado y vemos otra vez cómo Spiderman se vuelve a enfrentar a unas situaciones similares en esta nueva aventura.

Curiosamente, el caso contrario sucede con un de las sagas más importantes de la historia del cine: Alien. Todas las películas de Alien cuentan con dos elementos comunes: el enemigo, el alien; y la heroina, Ripley (Sigourney Weaver). Sin embargo, Alien Aliensson dos películas muy distintas: la primera es un thriller de terror en el que el monstruo persigue a cada uno de los personajes de la historia; mientras que la segunda es una pieza de acción en la que pasamos a la caza, por parte de los humanos, del Alien mediante la operación de rescate.
En este caso son dos películas completamente distintas que hablan en un mismo marco de cosas diferentes, pero que indudablemente forman parte de una saga y por tanto una es secuela de otra.

Before Surnise

El caso de las dos películas de las dos películas de la que hablaré a continuación es mucho más interesante desde mi punto de vista. Ellas son: Before Sunrise Before Sunset de Richard Linklater. Estas dos películas, parte de una supuesta trilogía que acabaría el año que viene con Before Midnight; tiene la mayor parte de elementos comunes: mismos personajes protagonistas, mismas herramientas narrativas, un escenario similar en cada caso… Sin embargo, en su contenido se convierten en dos películas completamente distintas. Y eso se debe a sus protagonistas, que han cambiado lo suficiente para que su discurso durante todo el metraje, aunque unido a unos valores que los forman, hayan cambiado.

Vayamos poco a poco. En Before Sunrise, película del año 1994, los protagonistas Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) tienen poco más de 20 años cuando se conocen en un trayecto de tren Budapest – París. Él tiene que coger un vuelo desde Viena, pero tendrá varias horas en las que no hará nada, sólo dar vueltas por la ciudad pasando la noche hasta que llegue la hora de coger el avión de vuelta a los Estados Unidos (de donde es él). Tras convencer a la muchacha de que se baje con él y pasen juntos el día/noche, comienza una conversación entre ambos, con la capital Austriaca como escenario en el que los dos pasaran una romántica velada.

Este primer episodio de la trilogía es una llamada al romanticismo puro, marcado por el carácter de juventud de los personajes protagonistas. Los dos están descubriéndose aún a sí mismos. Son muy inocentes, creen en el amor como máxima, creen en el romanticismo. Son dos personas que viven completamente en el presente. Sin pensar en el futuro, sin pensar en qué ocurrirá mañana. Durante un instante, como un sueño, como un día que se encuentra en el vacío, en el que nada sucede y sólo están ellos y la ciudad a sus pies; pueden vivir como si no hubiese nada más que el momento en el que se encuentran.

Este vivir en el presente es el que hace que los dos jóvenes, que a última hora deciden quedar en ese mismo lugar, pero seis meses más tarde; no sepan nada de los otros. Dirección, teléfono, ni siquiera apellido. Son sólo Jesse de Estados Unidos y Celine de París. Es todo lo que saben. Hasta su próximo encuentro, seis meses después. Lo que nos lleva al segundo episodio.

Before Sunset

En Before Sunset nos encontramos nueve años después del día en el que ambos se conocieron. Jesse ha escrito un best-seller cuya historia esta basada en el día que ambos pasaron en Viena. Se encuentra en un tour de promoción del libro por Europa y va a pasar sus últimas horas en París, antes de partir de vuelta a Nueva York, cuando Celine aparece en la librería donde está haciendo un Q&A. Jesse tiene sólo un par de horas antes de partir, pero los dos van a tomarse un café para ponerse al día.

Así descubrimos que ella no apareció ese día, seis meses después de Viena, y que como no sabían nada el uno del otro, no pudieron contactar y, por tanto, nunca más volvieron a verse. Comienzan a contarse su vida, sus ideas. Ahora los dos se encuentran en la treintena, ella es una fracasada en el aspecto amoroso, él tiene mujer e hijo; pero, no es feliz. Según evoluciona la película podemos ver cómo los dos han cambiado, no sólo físicamente, sino también psicológicamente. Ambos han madurado (muy evidente en el caso de Jesse) y han cambiado. Mucho.

En esta segunda parte vemos una conversación, no entre dos jóvenes optimistas, alegres, viviendo el presente. Sino sobre dos adultos que viven en el pasado. Son dos personas que saben que vivieron el mejor momento de su vida y que tratan de olvidarse, de no agarrarse a él, pero les resulta imposible. Es su vara de medición, nada es mejor que eso y nada lo será. No hablan de lo que es el amor o lo que puede ser, o lo que buscan en él. Sino de lo que no es, lo que no han encontrado y nunca encontraran. Y tu, como espectador, ves lo infelices que ambos son, menos en esas pocas horas que acaban de volver a reunirse. Podríamos decir que Before Sunrise Before Sunset son dos películas de una misma trilogía; pero es indudable que funcionan perfectamente como películas independientes entre sí. Pues, aunque cuenten con mismos personajes protagonistas y mismos elementos formales, la realidad es que hablan de cosas distintas. Con un mismo tema común, mantienen dos visiones muy distintas entre sí, muestran un cambio absoluto de una a otra. 

El año que viene se estrenará la continuación. Se volverá a dar un salto de nueve años. Muy interesante saber qué habrá ocurrido tras el gran acertado final de Before Sunset. Veamos en qué se han convertido estos dos personajes. Y no dudo que los espectadores que viesen en su momento la primera de las películas y después la segunda, volverán a identificarse con esta tercera. Porque, más que nunca, esta serie de películas representa una generación y la evolución de esta. Director, actores; todos tratan de representar la evolución de sí mismos durante los años que separan las películas. Creo que eso es evidente y por eso funcionan tan bien.

h1

Time And Relative Dimension In Space

20/08/2012

Doctor Who es una de las series más longevas de la historia de la televisión. Cuenta, oficialmente, con 32 temporadas, aunque esto es un poquito de trampa.

En el año 1963 la BBC creo la serie Doctor Who, que contaba las aventuras de an eccentric renegade time traveling alien and his companions (un excéntrico y renegado viajero en el tiempo, de origen extraterrestre, y sus acompañantes). La serie duró en antena hasta el año 1989, total éxito de masas.

En el año 2005, Russel T. Davies volvió a revivir la serie. Y logró hacer algo fascinante, consiguió hacer un remake de la serie, que en realidad se trata de una secuela o incluso una continuación (un poco al estilo de lo que trató de hacer ABC con V). Consiguió que aquellos espectadores nuevos, que no habían visto la serie original pudiesen comprender todo, para ellos sería como una serie nueva; pero, no se olvidó de todo el bagaje que tenía detrás la serie.

¿Cómo era esto posible? Gracias a una de las genialidades que define la serie. The Doctor (susodicho viajero en el tiempo) tiene la capacidad de regenerar cada célula de su cuerpo, lo que hace que pueda “engañar” a la muerte. Pero, esto tiene una consecuencia, al crear nuevas células, su cuerpo cambia y… ¡correcto! su aspecto ya no es el mismo. Lo que implica que el personaje se mantenga, ¡pero cambie el actor!

Esto abre mil posibilidades a la continuación de la serie. Los actores no suelen quererse encasillar muchos años en el mismo papel y tarde o temprano acaban abandonando las series. En el caso de que dicho actor sea el protagonista esto puede crear muchos problemas a la producción. Pero, gracias a la peculiaridad del personaje protagonista de esta serie, en esta serie no es un problema, porque The Doctor puede ser interpretado por un actor diferente.

Hasta la actualidad ha habido (entre series y TV movies) once actores que lo han interpretado. Algo que la serie de 2005 no ignora, hasta el punto que lo mostró muy claramente en una de las escenas del primer capítulo de la Quinta Temporada (donde acababa de incorporar a un nuevo actor, Matt Smith, en el papel).

Doctor Who es sin lugar a dudas la serie más popular de todo el Reino Unido. Se trata de una serie muy blanca (The Doctor no porta armas, trata de no matar si puede evitarlo) que se marca de tono juvenil por lo que es vista por niños pequeños hasta adultos. ¿Cómo lo logra?

Con grandes personajes. Es la clave. Desde un punto de vista adulto, las historias pueden ser consideradas alguna vez de absurdas, los efectos especiales muchas veces dejan mucho que desear. Pero, es capaz de darte aventura constante y unos personajes carismáticos.

La base es siempre The Doctor y su acompañante (tradicionalmente una mujer), entre ellos no hay ninguna clase de amor o deseo sexual (alguna vez se ha jugado un poco con esto, pero siempre muy sutil y tratando de evitarlo lo máximo posible), sino que mantienen una relación de mentor – discípulo.

Las escogidas como acompañantes siempre suelen ser chicas jóvenes, de clase media, y que muestran una gran predisposición a la aventura. Ellas son nuestra representación en la historia. Somos nosotros. De hecho, son lo que querríamos ser. Representan aquello que a todos nos gustaría hacer si un día nos encontrásemos enfrente de la vieja y azul TARDIS (la nave espacial de The Doctor).

Y después está ÉL, The Doctor: inteligente, ingenioso, gracioso, astuto… Lo tiene todo. La inocencia de un niño pequeño junto a la genialidad de Albert Einstein a la enésima potencia. Sus frases dichas a velocidades indescriptibles y las grandes formas de solucionar los problemas es lo que siempre nos atrae. Él es quien querríamos ser si no estuviésemos atados a nuestra propia naturaleza. Es la utopía. Es nuestro objetivo, lo que queremos alcanzar para poder ser tan buenos como sus acompañantes (que en la realidad es a lo que podemos aspirar). The Doctor es, al final, una representación divina. Que aunque anda entre nosotros, nunca podremos alcanzar, porque está en un nivel superior (y así debe ser).

De hecho, en la serie, una de sus acompañantes, Donna, consiguió alcanzar todo su conocimiento, su visión del tiempo y del espacio. Y un humano no puede aguantar tanto, hubiese quemado su cerebro.

El 1 de Septiembre comienza la séptima temporada de la serie (la segunda etapa) y tiene pinta de que le queda mucho por delante. Y eso es porque Doctor Who demuestra que SÍ que se puede hacer una serie para toda la familia que pueda atrapar a todos los habitantes de la casa. Y para eso no necesitas que estén representados todos ellos (pongamos personajes de niños para que se identifiquen los niños y de abuelos para que lo mismo hagan ellos ¬¬ ), sino que lo único (y lo más difícil de todo, claro) es darles personajes que resulten interesantes, que nos creamos, que suframos con ellos.

Y la mayor evidencia de esto es que posiblemente los dos mejores capítulos de la actual etapa sean los dos en los que menos aparece The Doctor. Por un lado, Blink obra maestra de la ciencia ficción donde The Doctor no está físicamente en ningún momento de la acción y en el que todo el peso narrativo lo lleva una increíble Carey Mulligan.

Y el otro, el décimo capítulo de la sexta temporada de la serie, The Girl Who Waiteddonde el mayor peso narrativo lo llevan los dos acompañantes del Doctor en dicha temporada: Amy Pond y su marido Rory Williams.

Doctor who es una magnífica serie que disfrutarás si no te la tomas en serio, si no miras tanto el envoltorio como lo que te quiere dar. Todos sabemos lo que es, no busquemos El Padrino y disfrutaremos mucho de ella. Y espero que por muchos años.

h1

La leyenda ¿renace?

22/07/2012

En la última película de la trilogía Batman de Christopher Nolan vivimos uno de esos casos ya tan típicos en los doblajes españoles de las traducciones fuera de lugar. El Caballero Oscuro: La leyenda renace. No hace falta decir mucho para darse cuenta que ese The Dark Knight Rises no tiene nada que ver con “La leyenda renace”.  Pero, ¿entonces qué significa ese Rises realmente?

Ese Rise del título no es nada sencillo de traducir. En inglés Rise puede ser: alzamiento, ascenso, renacimiento, auge, etc. Todo podría significar algo similar, pero no es así. El cine es una cuestión de conceptos y pequeñas diferencias. Los traductores del título se fueron hacía lo fácil.

Recordando esta escena de Batman Begins

Y leyendo la sinopsis de la película:

Tras ocho años desde la desaparición de Batman, un nuevo líder terrorista, Bane, pone de nuevo en peligro a Gotham, y el Caballero Oscuro vuelve para proteger la ciudad que le ha tomado por enemigo.

Pero, ¿por qué renace? Realmente es un retorno, no un renacimiento. Sin embargo, una vez vista la película, resulta que estos traductores (equivocados en el inicio, pues es imposible que lo supiesen) no estaban tan desencaminados.

SPOILERS DE AQUÍ EN ADELANTE

The Dark Knight Rises cuenta con un renacer en su guión. Muy débil narrativamente, pues podía haber tenido mucha más fuerza, pero tiene un momento en el que el personaje renace claramente. Y no es en el final de la película. El sacrificio (del que después hablaré para demostrar que realmente no es tal) de Batman no lo es, ni siquiera el nuevo Batman, ese Robin (que agradezcamos todos a Nolan que en realidad no es Robin). No es ese el renacer.

El renacer lo tiene Bruce Wayne. Cuando se encuentra en esa prisión profunda, llena de delincuentes (muy amigables todos, por otra parte) que lo único que buscan es alcanzar el final del túnel. Bruce Wayne se encuentra en el peor momento de su vida: arruinado, viejo, le han engañado como a un tonto (vale que si es por hacer lo que te dice ESA Anne Hathaway se comprende), ha sido vencido humillantemente y lleva meses casi sin moverse, en el más oscuro abismo que puede existir, del que sólo un niño ha logrado salir.

Bruce Wayne está muerto. Todo lo que es, cree, todo eso está hundido. Si la película se centrase sólo en esa parte lo demostraría más claramente. Pero, no hay tiempo, y como se tiene que ventilar la prisión en 30 minutos y hacerte, además, comprender la historia de Ra’s al Gul y Bane; pues menos. Y este es el problema. Dramáticamente, no hay duda de que este es el momento más importante de la película (puede que de la saga). Pero, no lo explora lo suficiente. Nolan decidió que no tenía tiempo para hacerlo y por tanto hizo que Wayne saliese de ahí demasiado pronto.

Bruce Wayne recibiendo una reprimenda

La soga es lo que te impide salir. Vale, se ve desde el primer momento. Remarcado por ese sonido desagradable cada vez que alguien cae y es atrapado por ella. Desde el primer momento se ve claro que salir del abismo no es una cuestión de fuerza brutal, es un salto de fe. Y tiene todo el sentido del mundo. La fuerza bruta le ha dejado de servir a Batman. Finalmente le ha fallado. Ha sido vencido por la fuerza hecha persona: Bane. La única forma que tiene de salir, de resurgir de sus cenizas; es por la fuerza de aquello que cree, llámese justicia, llámese deber, etc. Pues, en última instancia no es sino fe en algo.

Es un salto de fe literal. La soga te retiene, te ata a la tierra.

Es una metáfora muy buena la que tiene aquí el señor Nolan, pero él mismo se la jode. Porque NO TIENE TIEMPO. Si tuviese la posibilidad de alargar esa parte 10 minutos más podría haberlo solucionado de otra manera, pero no puede. Porque Batman tiene que volver, no puede haber tanto tiempo sin Batman (nótese mi desacuerdo con esto). Y, entonces, llegamos al punto en el que se revela ante Bruce la respuesta al enigma:

Médico: Tienes que tener miedo a la muerte. Eso es lo que te hace fuerte. Si realmente quieres salir de aquí tienes que hacerlo como lo hizo el niño.

Wayne: ¿Cómo?

Médico: Sin usar la cuerda.

¡Nooo! ¡Se lo has dicho! ¡¿Dónde está la gracia?! La fuerza y grandeza de esta metáfora está en que sea Bruce quien descubra por si mismo que ha de hacerlo sin cuerda. Si me pones a un oráculo que le da la respuesta carece de sentido. Le conviertes en un pelele, pues hace lo que le acaban de decir que debe hacer.

Pero, imaginemos que hubiese sido él mismo el que hubiese alcanzado esa respuesta (y no tiene que resultar extremadamente sutil, cualquier cosa sirve). Rollo:

BRUCE se acerca a la pared. El HOMBRE le va a ayudar a colocarse la cuerda en la cintura cuando Bruce le detiene.

BRUCE
No.

Todos se quedan estupefactos.
Sin que nadie diga nada, Bruce comienza a escalar libremente, sin una cuerda que le proteja de su caída.

No tiene nada, pero la escena cambia completamente. Resulta que ahora estamos nerviosos: ¿Y si se ha equivocado? Nos preguntamos (Vale, sabemos que saldrá de ahí, es Batman, joder, no puede morir cayendo por no ponerse una cuerda). Pero, cobra mucha más fuerza dramática porque nadie le ha dicho que es esa la solución. Él lo ha creído. Ha tenido fe en que esa es la forma. Puede estar equivocado. Pero, por ello es el único que, como el niño, ha logrado salir. Porque es el único con fe suficiente para hacerlo.
Ahí es cuando verdaderamente El Caballero Oscure renace. 

Blake a modo “Die Hard”

Es ese el momento en el que lo hace, no cuando tras su muerte (simbólica), Blake llega a la Batcueva. Ese es otro asunto completamente distinto. El del sacrificio de Batman.
Batman se ha terminado de mostrar en esta película como un mentiroso. Un vendedor de humo. Con buen propósito, pero faltante de la verdad a todas luces. En The Dark Knight se echó la culpa encima para que la gente siguiera confiando en el buen hacer de Harvey Dent (que ha llevado a crear una ley que opino yo posiblemente sea anticonstitucional, pero bueno, eso lo dejamos para otro día). En esta película la mentira es mayor: su muerte. ¿Hasta que punto está sacrificándose por Gotham? ¿Este sacrificio y hacerles creer que murió por salvarles es para que Gotham siga prosperando o no es más que una forma de liberación para él? Poder quitarse la máscara, sabiendo que ahora SÍ que hay alguien que le sustituirá.

¿Alude entonces este renacer a Batman como símbolo o a Bruce Wayne como persona?

¿Y qué simboliza Batman realmente? Supuestamente busca la justicia y acabar con la corrupción de Gotham, pero quien toma las mayas (de kevlar en este caso) y la capa, resulta ser alguien también que ha sufrido un tragedia como la suya y que en primera instancia ha buscado la venganza y como no se ha visto satisfecho ha decidido seguir con el resto del mundo. ¿Es eso justicia? ¿Se ha convertido Batman en una leyenda o ha acabado como un vigilante que simplemente cambia su máscara de persona en persona?

h1

Yo reivindico

30/03/2012

Yo reivindico el cortometraje como género. Al igual que existieron los entremeses de teatro y que existen los cuentos en la literatura, los cortometrajes han de existir en el cine. Sin embargo, hay algo que los diferencia del estos otros géneros literarios. La actitud de la gente hacía ellos.

En el cine el cortometraje sólo se ve como un medio para darse a conocer. Como un trampolín a la fama. Como una forma de impresionar al personal. O como una forma de aprendizaje. Así, en visión general, el cortometraje es o bien universitario (y cutre) o una obra maestra.

Sí, ya sé qué vais a decir: “No, yo no pienso eso”. Pero, al final, a todos nos pasa. Todos lo pensamos. Es lo hace que no nos pensemos dos veces ir a ver una peli al cine, aún a pesar que no sepamos nada de ella; pero, sí dudar cuando la opción a ver es una serie de cortometrajes. Y así comienza la pescadilla que se come la cola. Porque si los tratamos como tal, al final sólo serán eso y si sólo son eso, pues los trataremos como tal.

Pero, el cortometraje no siempre debería ser visto así, pues en muchos casos es el medio de llevar a cabo una historia. No por presupuesto, no por falta de posibilidades de hacer algo mayor, sino porque no hay más que contar. Si una historia ocupa 20 minutos, no se puede contar en 90′. Y no hay más. Hay ciertas historias que sólo funcionan en un formato corto.

Llegar a las 8:40 de la mañana sería imposible

Yo quiero hacer un largometraje. Es cierto. Por un lado porque es lo que me gusta y disfruto y, por otro, porque aunque así lo quisiera, no se puede vivir del mundo del cortometraje. Pero, hay muchas historias que he escrito que sólo funcionan a una medida tan pequeña. Y, lo he tratado, en serio, he tratado de alargarlas. Pero, cuando no hay de donde sacar, no hay. La única forma de alargar algo en estos casos es usar trucos baratos. Sacar paja. Engañar al personal. O intentarlo. Porque al final siempre identificamos cuándo nos tratan de engañar, ¿o no? (guiño, guiño).

Son muy pocos los directores que vuelven al formato corto después de haber rodado una película. Se comprende y, además, hasta cierto punto se agradece. Por un lado, así se deja más espacio para los que vienen por detrás, nuevos y con ganas (y sí, parece que me estoy contradiciendo a mí mismo ahora, pero es esta la paradoja que crea el tema del cortometraje). Sin embargo, por el otro lado, si fuesen más los que volviesen a sus orígenes, aunque sea de manera puntual, también se haría ganar un poco más en fama al formato.

Sin embargo, hoy en día hay una gran cantidad de festivales dedicados en exclusiva a éstos. Es un avance. Una buena forma de promoción y una buena forma de reivindicación. El problema es que tienden a estar demasiado lejos del público, incluso en el caso de que formen parte de un festival mayor.

En resumen, creo que en ningún momento hay que menospreciar el cortometraje, no tanto como se hace en algunas ocasiones. La literatura no sería nada sin los cuentos cortos (que se lo digan sino a Poe) y opino que, el cine, sin cortometrajes se encontraría demasiado cojo también.

Eso dice mucho de ellos.

PD: Y, lógicamente, acompaño el post con un par de cortometrajes muy buenos:

(parte 2 y 3 también disponibles en youtube)

(Recomendada toda la filmografía de Nacho Vigalondo)

(Buena demostración de lo que es una buena puesta en escena)

(Clásico de la historia del cine en el que se fijó Terry Gilliam para hacer 12 monkeys (Terry Gilliam, 1995))

h1

El tercer acto

27/03/2012

¿Qué es lo que hace que sigas con una película una vez has visto los primeros treinta segundos? ¿Qué te mantiene sentado en la butaca o en la silla, sofá, taburete, suelo… que corresponda?

Hay dos momentos críticos de la película de cara al espectador. El primero y el tercer acto. Suele decirse que el nudo del relato, debido a su larga duración y a que es (hasta cierto punto) un conector entre un inicio y un final es el más complicado de escribir. Pero, es indudable que en una película los momentos fundamentales son los iniciales y los finales.

El momento inicial porque es aquel que te tiene que atrapar. En el que la historia te resulte atractiva. La que te presente unos personajes interesantes, una historia que quieras ver. Ya sea mediante la intriga, el terror, o cualquier otra técnica en la que se base la película. Tiene que preparar el escaparate, poner todo muy bonito (nunca a costa de no avanzar en la historia por ello) y hacer que les “compres” la película. Es muy fácil quitar una película de la tele o el ordenador cuando va sólo cinco minutos. No tanto si ya has visto 25 o 30. Si consigues que el espectador llegue hasta ese punto te la han comprado.

El otro lógico punto clave es el del tercer acto. Cuando hacemos memoria de una película siempre recordamos su historia, sus personajes, quizá una escena brutal. Pero, rara es la ocasión en la que olvidamos el final. Si no recordamos cómo acababa malo.

I'm Tyler Durden. Am I?

En el tercer acto es cuando o todo se pone tan cuesta arriba, todo se jode tanto, que el espectador se angustia de cómo de jodida va a acabar la cosa. O cuando todo coge carrera hasta el climax final. En muchas ocasiones una gran revelación hace que a aquel que ve la película se le cierre el culo durante varios minutos. Esto puede suceder en el segundo punto de giro, al inicio del tercer acto; o en el climax final.

De una forma u otra, la clave en este asunto es que cuando acabamos de ver una película es su final lo que recordamos con más exactitud. Y suele ser lo que nos marca si nos ha gustado o no. Una película magnífica durante más de la mitad, pero con un final caótico, confuso, mal llevado a cabo o risible acabará por dejarnos mal sabor de boca. Una película con inicio duditativo, o un desarrollo mediocre; si tiene un buen final, acabará dejándonos más contentos a la salida del cine.

Esa es nuestra simple naturaleza.

En este respecto yo he sufrido hace poco cada uno de los dos casos. El primero me ocurrió con la película de Rodrigo Cortés Red Lights (Rodrigo Cortés, 2012). La película me atrapó desde un inicio. A pesar de jugar con personajes demasiado cliché su historia me estaba resultando interesante. Los momentos de tensión estaban bien resueltos. Me estaba gustando. Llegó el tercer acto y me atrajo más. Era el gran final. Un final que se presentaba a nivel. Spoiler final de película .

¿Cómo lo hace Silver?

Sin embargo, cuando de repente descubrimos que el timo es Silver (algo que llevamos toda la película queriendo demostrar y, por tanto, nos alegramos porque así sea) y que es Buckley el que tiene poderes extraños, cuál el teatro en el que se da la última secuencia, la película a mí también se me cayó encima. Cortés afirma que el final es lógico y con ello no me meteré. Para mí es un gran Deus ex machina.

Que una película que durante 1:40h trate de venderme que no hay nada paranormal y en la que el protagonista busque, durante férreamente, demostrar la verdad, no puede sacarse tal truco de la manga. Creo yo.

Fin Spoiler. De esta forma, lo que era una película buena, muy bien realizada y con buenas interpretaciones, pasó a dejarme un regusto amargo. Tanto que lo primero que comento sobre ella es siempre este hecho. Lo que me decepcionó el final.

En el lado opuesto está Take Shelter (Jeff Nichols, 2011). Esta película, aún inédita en España, cumple precisamente con lo contrario.

Era una película que me estaba llevando un poco por el camino de la amargura. No porque estuviese mal, ni mucho menos. Sin embargo, la historia parecía llegar a dar algún rodeo. Me trataba de mostrar a los personajes, lo que les sucedía. Y aunque estaba interesado, en algún momento tenía que esforzarme en seguir mirando la pantalla, porque pensaba que tal cómo se estaba desarrollando la historia acabaría mal. No me daría un final. Sin embargo, llegó la tormenta y el tercer acto.

¿Cuándo llegará la tormenta?

Los veinte minutos finales se componen de dos secuencias, que se llevan a cabo principalmente en dos localizaciones. En estas dos secuencias el director te mueve de un punto de vista a su opuesto. De una forma genial.

La escena del refugio es brutal. Mantiene un pulso de dirección increíble. Hace que te mantenga el interés en todo momento. Era el momento que llevabas hora y media esperando. Y da igual cuánto te hayas aburrido/divertido con lo anterior. El juego de interpretación de los actores y la puesta en escena hace que no puedas dejar de prestar atención. Si has estado algo distraído hasta ese momento, ya no lo estarás. Te olvidas de qué más hay. Te olvidas de si estás en casa o en el cine. Te olvidas del iPhone o el ordenador. Para ti, cómo para los personajes, ese oscuro refugio es lo único que hay. Y te vuelcas. Das la mano a los personajes cuando deben salir de él.

En la escena final. De simple realización, pero gran carga emocional, reforzada con una canción increíble, tu corazón se pone a 130 pulsaciones. Da igual cómo te hayas sentido hasta el segundo punto de giro de la historia. Porque a partir de entonces te has sentido uno más de ellos. Sentías lo que ellos sentían. Querías lo que ellos querían. Desde que entraron en el negro y oscuro refugio, eres uno con los personajes. Y en el final, la emoción y excitación que sufren te acompaña. Hasta que la imagen corta a negro.

Y, entonces, te das cuenta de que puede que la primera hora y media de la película no haya sido excelente, pero que el gran final es lo que te ha gustado. El gran final es lo que recordarás. Lo que hará que digas que te gusta.

Porque al final, más que nada, todos lo que buscamos es eso en la vida. Más que un gran inicio, un gran final.

h1

Tiempos Modernos

22/03/2011

Aún recuerdo aquellos años cuando comenzaba a popularizarse Internet. Los años en los que esperabas durante un largo minuto mientras tu modem se conectaba haciendo ruidos extraños. En los que sólo se veía texto html sobre fondos (en una siempre mala elección de combinación de colores) y en los que te acordabas de la familia del tío que había hecho la web por poner una foto en 640×480. Siglos tardaba en cargar.

Eran esos tiempos en los que todos sospechábamos. Miramos a los ordenadores y su red con el rabillo del ojo. Entrábamos, lo comenzábamos a usar, examinábamos qué nos ofrecía; pero no nos fiábamos ni un momento. Era demasiado bueno para ser cierto, demasiado nos ofrecía por tan poco. En algún sitio tenía que estar la trampa. No nos atrevíamos a comenzar a comprar por Internet (seguro que nos robaban el número de tarjeta o nos trataban de cobrar más). ¡Cuidado con los virus! Eso si que era una pandemia o era lo que parecía. Y así una y otra cosa.

Luego, comenzamos a fiarnos, sobretodo los más jóvenes. Descubríamos nuevas cosas y hablábamos con nosotros mismos. Sobretodo hablábamos con nosotros mismos todo el día mediante MSN Messenger y similares (por lo menos eso decíamos nosotros que hacíamos). Junto a los videojuegos, Internet se había convertido, para muchos, en el Apocalipsis de la humanidad. Ya NADIE salía. Ya NADIE se relacionaba si no era por ordenador. Los niños SÓLO estaban interesados en jugar a maquinas infernales creadas por el DIABLO.

Mientras nosotros sabíamos que había algo más. Esto prometía más.

He tenido la suerte de crecer a la par que lo hacía Internet. O quizá es que según he crecido he visto otra parte de Internet que antes no se me había mostrado o no me resultaba interesante. La verdad es que no lo sé. Pero, en el último año mi visión de Internet ha cambiado por completo. No sólo es una fuente de cultura increíble, de información, una herramienta de estudio y de comunicación interpersonal (aunque muchos aún no se lo crean). De algún tiempo atrás, he comenzado a darme cuenta de que es algo mucho más importante. El Futuro. Un futuro que pinta bien. Por lo menos desde mi punto de vista, otro dirán que no va a ser mejor. De una manera u otra lo claro es que es lo que vendrá.

Ahora tenemos FacebookTwitter dos herramientas comunicativas que me parecen fundamentales en el mundo de hoy en día y que sin las que el mundo sería distinto. Además, demuestran lo compleja que es la red, donde lo mismo se hace popular una web en la que puedes comunicarte con cualquier persona del mundo (aunque comenzase como una forma de ligar en Harvard), como una que te reduce tus posibilidades a tan sólo 140 caracteres. Y, a pesar, son dos herramientas que nos acerca noticias en cuestión de minutos, curiosidades en cuestión de segundos y que, además, nos permite conocer gente muy interesante que hubiese sido imposible de otra manera.

Pero es que, además, tenemos Skype que nos permite no tener que esta uno delante del otro para hablar como si lo hiciésemos. Las distancias se reducen. Lo mismo sucede con las herramientas de trabajo en grupo a lo Google Docs o Teambox. Para compartir archivos de trabajo: Dropbox. Podemos ver nuestros programas de televisión pasados en cosas como a la carta de rtve o escuchar música streaming vía Spotify. Con este mismo modelo, podemos ver qué está sucediendo en Nueva Zelanda (literalmente la otra punta del mundo) con sólo pinchar un link.

Pero, esto no nos hace no salir a la calle. Yo esta mañana lo he hecho. Y mañana lo haré. Y pasado. Sigo hablando con mis amigos cara a cara como siempre, aunque ahora puedo hacerlo más, porque también puedo hablar con ellos cuando estamos cada uno en nuestra casa.

Pero, es que, además, he comprendido el potencial que tiene en mi propio campo, el audiovisual. Pensaba que Internet sólo servía para poner cada uno su corto casero o, como mucho, hacer series online de humor para pasar el rato. Pero, he comprendido que no. Desde la distribución a la producción abren nuevos canales de creación mediante Internet. Herramientas como Filmin (películas a precio de risa y no disponible en el medio convencional de distribución) o proyectos como El Cosmonauta (con su gran financiación crowdfunding) lo demuestran. Igualmente, sirve como escaparate, llamar la atención o usarlo como un nuevo medio de difusión de contenidos como con series como Las Crónicas de Maia, Las Reflexiones de Repronto, o Qué vida más triste (que llegó a saltar a la televisión manteniendo su formato).

Pero la clave definitiva está en que ahora mismo estoy estudiando una asignatura en la Universidad en la que nuestro profesor ha decidido enfocarse casi íntegramente en Internet. Estructura de Medios de Comunicación. ¡Estructura de Medios de Comunicación! Francisco Vacas, el profesor que da la asignatura, puede que haya matado demasiado pronto los “medios de comunicación del s. XX” como él los llama. Yo no opino que TV, Radio y Prensa estén acabados. Pero sí que les queda muy poco en su formato actual.

Renovarse o morir. La clave está en Internet. El futuro de unas generaciones por lo menos.

Y aún así, saldremos a la calle. Dejemos las reticencias. Dejemos mirar mal por el rabillo del ojo. Siempre lo nuevo nos ha parecido algo malo. Siempre hemos tenido miedo a ello. Sobretodo aquellos a los que les obliga a cambiar muchas cosas de su vida.

¿Y si tratásemos, simplemente, de adaptarnos a los nuevos medios, al nuevo mundo?

 

pd: Creo que se nota de que me siento orgulloso de colaborar en algunos de los proyectos comentados, aunque sea de forma muy pequeña.

h1

171

06/02/2011

La anagnórisis (del griego antiguo ἀναγνώρισις, «reconocimiento») es un recurso narrativo que consiste en el descubrimiento por parte de un personaje de datos esenciales sobre su identidad, seres queridos o entorno, ocultos para él hasta ese momento. La revelación altera la conducta del personaje y le obliga a hacerse una idea más exacta de sí mismo y lo que le rodea.

¿Qué es aquello que nos define? ¿Qué es lo que somos realmente?

Si realizas en Google búsquedas como “saber quién eres” o “quién soy” todas las referencias tienen que ver, en su mayor parte, con 1. horóscopo y “astrología”; 2. Test de personalidad y 3. Libros de autoayuda.

De inicio, esto plantea una gran pregunta, que siempre ha existido y, me temo, existirá durante mucho tiempo más: ¿Nacemos o nos hacemos?

Es una difícil pregunta, según estas referencia googlenianas, nuestra forma de ser está relacionada, ya en primera estancia, con el “destino”. Somos como somos por naturaleza y eso no podemos cambiarlo. Da igual que esta naturaleza sea la alineación de astros que se dio en nuestro día de nacimiento o los genes que mágicamente se unieron en el momento de nuestra concepción y tiempo posterior.

Y, volvemos por tanto a la casilla de salida, ¿nacemos o nos hacemos? Porque parece un poco ingenuo pensar que somos tal como somos por naturaleza, porque tenemos unos hilos que nos mueven, como si estuviesen jugando con nosotros a los Sims, o como si toda nuestra forma de ser viene predicha desde nuestro nacimiento.

Tiene más sentido, más coherencia pensar que nuestras experiencias, el contacto, el ambiente, etc. nos hace ser tal y como somos.

Pero, entonces… ¿qué soy? ¿Hay algo que me defina? No desde un punto de vista del exterior, de cómo me ve la gente y piensa cómo soy, sino de qué soy.

¿Soy mi barba, mi pelo, mi peinado? ¿Soy la ropa que llevo, las deportivas? ¿Soy lo que pienso, lo que hago, lo que no hago? ¿Soy lo que tengo, soy lo que no tengo? ¿Soy mis sueños, mis deseos, lo que quiero? ¿Soy mis ideales, mi fe, mis pensamientos? ¿Soy la música que me gusta, los libros que leo, las películas que veo, lo que escribo? ¿Soy aquello por lo que pago, soy aquello que hago gratis? ¿Soy mis amigos, mis enemigos? ¿Soy lo que creo que soy?

¿Soy todo lo anterior?

¿Soy algo tangible o soy lo que la gente ve y cree que soy? ¿Soy el Arturo que ve mi madre o el que ve mi compañero de clase? ¿Soy los dos?

Personalmente, creo tener una aproximación de lo que soy, pero no puedo tener una total confianza en ella. Hay situaciones que no he vivido, por ejemplo, y aún no conozco mi reacción a ellas. Pero, sobretodo, porque no he tenido mi anagnórisis. Ese momento, típico en literatura o en cine, en el que se tiene esa revelación final. Personaje mira al infinito, eje de mirada próximo al eje de cámara, cara de medio-sorpresa medio-comprensión y travelling de aproximación.

A veces he tratado de provocar esa anagnórisis, no se si alguien más. De hecho, he tenido alguna muy útil, pero no se si ha sido provocada o no.

La cuestión de todo esto es que, si no sabes qué eres, ¿cómo sabrás como cambiarlo? ¿Cómo lograr cambiar un aspecto tuyo si no sabes el gatillo del que tirar? ¿Cómo tirar de ese gatillo, si es que lo descubres, si no sabes qué más puede afectar de todos esos elementos que puede que te definan?

Que simple es la vida en las películas, sólo hay que esperar a que la banda sonora te dé el pie para saber que vas a tener una gran revelación.

Que sencillo es ser una palabra incluida en un diccionario y saber que, junto a los dos puntos detrás tuyos, hay una frase que dice qué eres, que significas.

¿Podríamos tener nosotros una definición también que nos acompañase siempre y todo el mundo pudiese leer?

Arturo M. Antolín: (mas.) (sing.) Estudiante de Comunicación Audiovisual arisco, irritable, algo narcisista y poco conformista. (Véase también: Arturo Miguel Antolín Delgado)

Pensándolo mejor, quizá no sea tan buena idea tener una etiqueta constantemente con nosotros, por lo menos, durante unos momentos, existiría la posibilidad de que fuésemos alguien completamente distintos. Tendríamos la opción de, ante los ojos de quién nos ve, ser otra persona distinta.

pd: El título del post es el que por defecto me creó wordpress. Me pareció indicado porque al comenzar a escribir no sabía qué iba a ser este post.