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Stick around

10/06/2012

I’m Cassey McCall, alongside Dan Rydell. You’re seeing “Sports Night” on CSC, so stick around.

Nadie puede negar que Internet es el paraíso perdido. Es el baúl de los recuerdos. Es el almacén del Área 51, donde se guarda el Arca Perdida de Indiana Jones, junto a Twin Peakes y a las primeras temporadas del Batman de Adam West. Es muy difícil que algo no se encuentre en Internet a día de hoy.

Por eso, hay un indicativo claro para saber cuándo no se valora lo suficiente una serie o una película. Y esto es lo que pasa con la primera creación del gran (ya sabéis que soy un fan, así que de aquí en adelante perdonarme las adulaciones) Aaron Sorkin: Sports Night.

Estamos a dos semanas del estreno de la nueva serie de Sorkin: The Newsroom. Mis expectativas son muy altas. Y es normal, finalmente se han juntado mi escritor de televisión favorito (empatado posiblemente con Steven Moffat en el puesto) con mi cadena predilecta. Aaron Sorkin se ha unido a la HBO y de ahí sólo puede salir algo bueno.

Consejeros de comunicación con veinte “push line” por minuto

A Sorkin siempre se le recordará por The West Wing. Serie de la que fue creador y showrunner durante cinco temporadas. Sin embargo, aunque irregular, su carrera televisiva siempre ha sido más que destacable. Todos conocen Studio 60 on the Sunset Strip una propuesta que no terminó de funcionar a pesar de tener grandes momentos y, por supuesto, magníficos diálogos. Además, la serie se produjo en un momento en el que nacía también 30 Rock de Tina Fey en la misma cadena, la NBC. Fey había formado parte del conocido programa Saturday Night Live programa que tienen como referencia ambas series de televisión, aunque cada una está enfocada desde un punto de vista muy distinto, uno como comedia sitcom y la otra como drama. Sin embargo, la polémica vino cuando Sorkin se quejó de que la NBC le había negado el acceso al programa para poder documentarse para su show, mientras la cadena le había permitido total acceso a la antigua guionista de él.

Esto ya indicaba mucho la confianza de la cadena en el proyecto de Sorkin.

Sin embargo, pocos recuerdan qué hubo antes de The West Wing. Y es un caso muy curioso de analizar también.

Sports Night nos coloca en el día a día de un programa de deportes. Tercero en share en su franja de emisión (11:00pm), sólo detrás de ESPN y FOX.

Se trata de una comida sitcom que no es nada similar a la sitcom convencional. Y ese fue su gran problema. Era el año 1998 y una comedia de 20 minutos por capítulos debía ser una comedia de 20 minutos por capítulo. Más si la situas en una network como la NBC. Sin embargo, no es esto lo que surgió.

Those stories plus…

Sports Night tiene todo lo que define a Aaron Sorkin, diálogos rápidos y brillantes, esa energía de las conversaciones de pasillo que tan famosa hizo a The West Wing. De hecho, son varias las ocasiones en las que uno de los personajes dice a otro: “Walk with me.” antes de comenzar a tener una conversación.

Los personajes son geniales. Rompen muchos clichés, mientras que mantienen lo necesario común para que tenga la gracia. Las referencias deportivas son muchas y en muchas ocasiones aquellos que no somos expertos en uno de los deportes del que hablan (o no sabemos detalles del deporte hace 14 años) podemos sentirnos perdidos. Pero, en muchas otras, los comentarios son grandiosos. Me acuerdo, por ejemplo, las constantes referencias de Dan (uno de los presentadores) quejándose cuando da los resultados deportivos de que el soccer (el fútbol en USA) es demasiado aburrido y su consejo que hagan las redes más grandes para así poder marcar más goles.

Sin embargo, el problema de la serie fue que no se le comprendió. Ni siquiera la cadena que la emitía. Algo muy evidente cuando vemos cómo hasta el final de la primera temporada y aún con la negativa de Sorkin, se incluían risas enlatadas, muy fuera de lugar, para subrayar los chistes. Pero, la cuestión era que se trataba de una serie que se movía desde el drama a la comedia sin problema. Podían soltar un chiste magnífico y en la siguiente escena hacer un alegato a la libertad de prensa que ocupase cinco minutos del capítulo. No lo comprendían. No era una sitcom estándar.

Por eso se canceló después de su segunda temporada. Lo único bueno que se puede sacar de eso es que, si no llega a cancelarse posiblemente nunca se hubiese llevado a cabo The West Wing, no tal como la conocemos; pues, Sorkin sólo estuvo con su cabeza totalmente en ella después de la cancelación de Sports Night.

Se puede encontrar en Internet sin problema. En eMule en castellano y por torrent varios en Inglés. Sin embargo, no hay subtítulo alguno en castellano. Eso es lo sorprendente. Una serie de Aaron Sorkin, uno de los grandes de la TV, y sólo se puede ver con subtítulos en inglés. Aún así la recomiendo a todos. Merece muchísimo la pena.

Con The Newsroom Sorkin vuelve a adentrarse en el mundo de la televisión. Sin duda, la comunicación es algo que interesa mucho al guionista (recordemos que The West Wing estaba centrado también en el departamento de comunicación de la Casa Blanca). Esperemos que esta vez sea la vencida y la retribución que Aaron Sorkin se merece en la televisión.

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Ahora sí, ahora no

03/06/2012

Ayer vi Snow White and the Huntsman (Rupert Sunders, 2012). Y juro que mi decepción fue mayúscula. No porque tuviese expectativas. A estas alturas ya todo sabemos lo que estas películas nos ofrecen y, por eso, si no vamos predispuestos a ello se debe a nuestra ingenuidad, y nada más. No. La cuestión fue que aún sabiendo a lo que iba la película resultó aburrida, salvo en un par de ocasiones, donde los despropósitos mostrados hicieron que soltase una carcajada. Ganándome así miradas entre la gente de mi alrededor.

La generosa Ravenna bañada en la leche que repartirá entre los necesitados

Pero bueno, este post no es para destrozar la película sin más. Sino que es para decir cuál creo que es el problema por el que no funciona.

No me meteré en el tema de hasta que punto Kristen Stewart es más hermosa que Charlize Theron. Sino en otra cuestión. Personajes planos. Creo que todo se reduce a eso. Sí, es Blancanieves. ¿Y?

Cuando vemos un película, puede que nos interese la historia, por el motivo que sea; pero, lo que nos tienen que atrapar son los personajes. Y si tenemos a personajes planos, sin conflicto interno, sin intenciones apenas. Entonces, ¿cómo van a resultar interesantes al espectador?

Esto es algo que, por otro lado, tiene una ventaja muy clara: no se necesitan grandes actores. Si Stewart y Hemsworth lo están petando ahora, pues nada, les damos el papel. Total, para lo que van a hacer en cámara, da igual que tengan horchata en sangre.

Sólo hay, en toda la película, una excepción: Ravenna. La malvada reina está interpretada por una actriz de verdad, lo que le hace capaz de crear un conflicto interno en el personaje. Nimio, sí. Pero, te lo crees, que ya es más que lo que ocurre con los otros tres personajes de más protagonismo de la historia. Personajes cliché sin conciencia propia, que actúan sin saber por qué (SPOILERS):

  1. William: Amigo de la infancia. Destinado a ser su amante. Se siente culpable por haberla abandonado. Cuando oye que está viva no lo duda y, como la ama, se lanza a internarse en el Bosque Oscuro junto a sus enemigos (que lógicamente desconocen quien es a pesar de ser el hijo del líder rebelde) para salvarla. No hay más preguntas.
  2. El cazador: Es un borracho. Va, me lo creo. Está martirizado por la muerte de su mujer, de la que se siente culpable. Sin embargo, parece que esto sólo sucede cuando alguien la menciona, mientras tanto no parece que le ocurra nada al respecto. Umm… sospechoso. Supuestamente se mueve por el oro, pero no duda en renunciar a él para marcharse al averiguar la identidad de Blancanieves. Pero, cuando ve el fuego, vuelve. Y ya lo había hecho en dos ocasiones distintas. Decir que no y al medio minuto decir que sí. Se enamora de Blancanieves, pero no ha tenido tiempo ni de hablar con ella apenas. Sin embargo, por supuesto, es su verdadero amor, porque al besarla ella se despierta. Dice que le seguirá a cualquier parte. Como si fuera un gran logro conseguido por la muchacha. A mí, desde el principio, me parece que el hombre no tiene mucha idea de lo que quiere. Se le convence muy fácilmente. Menos mal que en ese reino no hay demasiadas sectas. No hay más preguntas.
  3. Blancanieves: De pequeña todo el mundo la quiere. Se supone que por su belleza. Pero no, leñe, es que la actriz que le interpreta de niña es muy mona y se le ve lista a la muchacha. Pero, la encierran en la pobre y a la chica se le comienzan a escapar las ideas y se queda con la cara de atontamiento constante de la gran actriz llamada Kristen Stewart. Eso sí, después de años de encierro, la chica es rápida como la que más. Todo el mundo en el Reino reconoce su rostro, aún cuando supuestamente se encontraba muerta (guardias, pueblo llano, todos). Todo el mundo le dice que es la elegida, pero ella muestra indiferencia hacía los comentarios. Hace como que no existen. Pero, muere. Y revive. Y entonces lo tiene claro, y entonces sabe soltar discursos épicos. Y entonces, con cuatro frases cutres convence a todos los rebeldes (a los que ya se les ve que tal como está su posición tampoco les hace falta mucho más para lanzarse contra un castillo enorme sin dudarlo). No tiene ni guarra idea de pelear. Pero, se pone una armadura y vamos, sin parar de dar mandobles a diestro y siniestro. Y, por supuesto, será una reina magnífica. No hay más preguntas.

(FIN SPOILERS)

Actúan llevándose por la historia. No toman decisiones coherentes. Toman las decisiones que deben tomar para seguir el rumbo del esquema preestablecido en muchas películas anteriores. No muestran antecedentes que expliquen sus cambios de actitud. No muestran nada.

Por jugar con la manzanita

Ni siquiera los pobrecitos enanos, interpretados por grandes actores a la altura de  Ian McShane (posiblemente el mejor de toda la peli) o los casi a su nivel Bob HoskinsRay WinstoneNick Frost y Toby Jones. Ni siquiera estos, al principio 8 y luego 7, tienen coherencia con lo que te han contado ellos mismos sobre sí. El único que la cumple es Muir (Hoskins), el resto sólo le siguen por tocar a un venado.

Y, ahí llegamos a la parte más divertida de la película. Tres instantes en los que se me escapó una carcajada y otro en el que me dio un subidón de azúcar (POSIBLES SPOILERS):

  1. Blancanieves rezando el padre nuestro: Única mención religiosa explícita. Con cola. No pega con el personaje. No pega con la situación. No pega con el conflicto. Pero, imagino que el guionista vería muy necesario poner esa escena por… bueno, porque quién no querría ver a Kristen Stewart rezando el padre nuestro, ¿no?… Vale.
  2. Las cicatrices nos protegen: Ravenna se alimenta de la belleza. Ya lo hemos visto. Así, ninguna mujer está segura. Pero, un gran grupo de mujeres pseudo-amazonas a descubierto la clave… dos cortes en la mejilla. Así no somos hermosas. Vale.
  3. Te voy a decir exactamente quién eres y lo que puedes hacer si sobrevives a esta trampa de la que tan fácilmente te van a sacar: No es James Bond, no. Pero, da igual. Ravenna no duda un instante en decirle todo lo que sabe a Blancanieves (pensando que se la va a cargar en el instante, claro). Supongo que la malvada bruja se sentía sola y pensó que estaría bien contarle a Blancanieves que sólo ella podía matarla. Y, de repente, justo, llega el verdadero William y el Huntsman y ella desaparece. Qué fallo. Vale.

Por último, destacar el santuario. Ese lugar mágico. Hermoso. En el que las hadas (que vuelan por lo que tienen motor de inercia propio) se meten y salen (literalmente) de los animales que viven. En el que todo es bonito. En el que los venados tienen flare venido de ninguna parte para reflejar en la cámara antes de convertirse en mariposas. Subidón de azúcar. Gracias.

(FIN SPOILERS)

Y por favor, dejad el flare de post-producción. En serio. Optical Flares es un programa magnífico. Pero, no hace falta demostrarlo cada dos minutos de película. JJ Abrams ha creado una escuela que acabará con el mundo.

Tiempo al tiempo.

Puntuación: 4/10

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Me he criado como estos toros. Sin nadie a quien proteger.

31/05/2012

Fue la enviada por Belgica a los Oscar este año. Estuvo nominada y fue vencida por Nader y Simin. Todo el mundo tiene buenas palabras sobre esta película belga. Pero no creo que estén totalmente fundamentados. En mi caso no los comparto. Pero, bueno, lo primero es lo primero:

Se centra en Jacky Vanmarsenille, un joven ganadero que entabla relación con un veterinario sin escrúpulos que le propone un pacto poco ortodoxo con un comerciante de ternera de la región flamenca del país. El asesinato de un policía federal y la confrontación con un oscuro secreto de su infancia, pondrán en marcha una cadena de acontecimientos de gran alcance. (FILMAFFINITY)

La historia no está mal y aunque visualmente es destacable; la noto con muchas carencias. Me resultó un relato demasiado irregular. La interpretación de Jacky, realizada por Matthias Schoenaerts (y que le valió llevarse el papel protagonista junto a Marion Cotillard en la recién estrenada en Cannes De rouille et d’os de Jacques Audiard), es muy buena, apoyada mucho también en la prótesis nasal que se marcaron en el departamento de maquillaje y el brutal estado físico en el que se muestra en la película. Sin embargo, me parece que no es un personaje tampoco excesivamente complejo. Es un animal. Un toro de los que cuida. Sea por su naturaleza o por sus inyecciones de testosterona, el hecho es que como él dice es una bestia.

Y creo que ese es el problema del relato. Tenemos un personaje que no nos resulta del todo atractivo. Con un aspecto de bestia que no nos atrae y un conflicto interior que no termina de engancharnos, únicamente nos acaba resultando interesante; pero no explotado lo suficiente para que le acompañemos.

Y, por si fuera poco, este personaje se ve metido en un problema con la policía, sin que él lo sepa durante 1:40h y que además se debe a una simple casualidad.

Pero, ahí no acaban las casualidades. Su amigo de infancia es informante de la policía. Se supone que es una especie de secundario con protagonismo. Pero, es un personaje plano. No sabemos por qué es informante. Se le trata de dar una profundidad con su aspecto de homosexual con interés en uno de los policías que es su contacto, pero en ningún momento se muestra algo que haga que la justificación de sus acciones sea esa.

Así, mientras por un lado tenemos una trama policial para resolver un asesinato del que no se nos muestra apenas y que además nos la acaba trayendo floja, porque no interesa para nada. Al otro lado está la propia historia de Jacky antes de que le quiera pescar la policía. Una trama en la que vuelve a acercarse a la chica que le gustaba cuando era niño, pero a la que tuvo que renunciar cuando su demente hermano le destrozó a él la vida. Y, sin motivo tampoco, a mitad de película quiere volver a verla. Y la sigue. Y le compra colonia. Y le mira inexpresivamente en una discoteca. Y se convierte en una bestia.

Y en el climax de la película (SPOILER)

Sabiendo que le busca la policía va a buscarla. Pero, ¿para qué? ¿Por qué va? Vale, sí, porque fue a la granja. Pero, ¿por qué se queda? ¿Por qué se deja atrapar tan fácilmente? ¿Qué le hace atacar a los policías dentro del ascensor, cuando sabe que eso no puede acabar bien?

(FIN SPOILERS)

Ahora, así, mientras lo escribía, me he dado cuenta de que tiene más lagunas de lo que creía. O no tanto lagunas. Posiblemente el guionista sepa el porqué de todo lo comentado. Tenga una explicación para todas las preguntas que he planteado. Pero, si han sido incapaces de mostrarlo en la pantalla, creo que es un problema.

A todo esto. Sigo prefieriendo Rundskop a cualquier película blockbuster de las que veremos este verano (menos The Dark Knight Rises, por supuesto). Porque, con todo, es cine Europeo y se nota en cada plano.

Nota: 6/10

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La marca de la casa

29/04/2012

Los italianos inventaron la pizza. Los chinos la pólvora. Y los ingleses la televisión. La ficción televisiva que existe en la actualidad no proviene de USA. Los estadounidenses cogieron lo mejor de la televisión británica, lo desarrollaron y expandieron a nivel mundial. Y no lo hicieron mal. Es lo que mejor saben hacer. Pero, la realidad es que la televisión británica ha sido siempre la que ha partido el bacalao.

Así, hoy en día, es indudable que existen dos cadenas que sirven como referentes de la televisión a nivel mundial. La Home Boxe Office (HBO) y la British Broadcasting Corporation (BBC). A todos les gustaría ser como ellas. A todos nos gustaría escribir para ellas.
Los yankees y los british son los amos de esto. Van de la mano. Pero, la clave para que estas dos cadenas sean lo más en este momento, creo, se debe a dos motivos:
  1. Tratamiento de la fotografía: Tanto la HBO como la BBC cuida mucho la fotografía en sus series, como si tratasen de películas (de hecho, capítulos de sus series tienen en ocasiones más presupuesto que muchas películas). Cuidan los colores, los planos, la composición de éstos y la luz que les inciden. Fotografía en unión a la dirección artística, claro. Eso ni decir que cabe.
    En muchas ocasiones también rompen con los patrones clásicos establecidos. En esto, uno de los casos que más llamó mi atención fue la de Luther . Hace poco tuve una conversación a este respecto, precisamente. Me llamó poderosamente la atención la extraña composición que realiza a la hora de llevar a cabo conversaciones.

    Planos muy frontales, con el aire en el lado contrario al eje de miradas (muy cercano a encontrarse con la cámara, también hay que decirlo). Acostumbra a realizarlos limpios, sin escorzo ninguno. Planos muy estéticos, que aprovecha mucho los colores de las localizaciones. Muy fotográficos. Muy cuidados. Algunos podrían decir que muy cinematográficos.
    Son en Luther donde más se usan, pero al parecer se ha debido de convertir en una marca de la BBC, pues ya he podido verlos en alguna escena de Inside Men o incluso en Sherlock.

    Así. Este intensivo y cuidado uso de la fotografía siempre facilita el acercamiento del espectador. Más, por lo menos, que si al espector le recuerda a la película de A3 del sábado por la tarde.
  2. Guión: Historias cerradas. Redondas. Trazadas ya con sus claros objetivos desde los inicios. Con sus finales marcados. Puede parecer algo evidente, al final y al cabo últimamente mucha parte de ellas (afortunadamente) se realizan así. Pero, sabemos que hubo un tiempo en el que los caminos se abrían sin saber exactamente cómo se iban a cerrar.
    Y lo que más me fascina particularmente de la BBC es que no sacrifican la historia a la duración de esta. Les es irrelevante cuántos capítulos dure siempre y cuando haya que contar. Por eso que existan tantas miniseries de la BBC a día de hoy. Y no lo confundamos con las TV-movies españolas porque eso no tiene ni comparación.
    Lo bueno de tan corta duración es que hace que grandes actores se animen, pues no les obliga a firmar un “contrato de larga duración” tal y como si participasen en una serie convencional. Así, últimamente, la BBC ha sacado Exile, Inside Men, The Shadow Line, etc. Y luego formatos como Sherlock, The Hour, Luther; que aunque cuenten con varias temporadas, su corta duración facilita también lo comentado anteriormente.
    Hay que destacar también en este aspecto a otra cadena británica que últimamente comienza a realizar productos de gran calidad y que está llamando mucho la atención: Channel 4. Con su filial Film4 llevaba muchos años produciendo grandes éxitos del cine británico. Ahora, con productos como Dead Set o Misfits ha despuntado también en TV a nivel internacional. Aunque la gran bomba fue Black Mirror. Una serie que nadie esperaba. Tres capítulos de una hora de duración sin conexión entre ellos y que resultan una patada en la boca del estómago. Brillantes (a mi me encantó el primero) y que pocos se hubiesen atrevido a realizar.
    http://www.youtube.com/watch?v=dpgQPpdZayg
Es, por tanto, evidente que estos dos son los que mandan en el cotarro. Y lo hacen por algo. No es casual que cada vez que oímos o leemos sobre una nueva serie HBO o BBC nos pongamos ya de los nervios esperándola. Que su sello sea sinónimo de calidad se debe a que su éxito no viene de un caso específico. Viene de grandes series, grandes productos que han cautivado muchos corazones.
Y seguirán haciéndolo. Porque todos tenemos nuestros ojos fijados en ellas. Todos querríamos ser HBO o BBC. Pero, muy pocos pueden. Porque sino se perdería su magia.
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Estocolmo

16/04/2012

El teatro neoclásico, muy típico de la escena española en los siglos XVII y XVIII tenía una regla básica, la denominada regla de las tres unidades: unidad de acción (debía de existir una sola trama), unidad de tiempo (debía de ocurrir en un marco temporal no mayor de 24 horas) y unidad de lugar (todo ocurría en un solo escenario). Esta forma de teatro rehabilitó mucho la escena en la época, pues hacía que fuera más fácil (y por tanto barato) el montaje de la obra.

Las historias limitadas de esta forma, no son muy cinematográficas, precisamente. Es muy difícil que una historia de este tipo pueda ser llevada a la gran pantalla y, cuando se hace, suele ser por una cuestión monetaria, al igual que ocurría con el teatro. No se tiene pasta para sacar la cámara fuera de la localización indicada.

Sin embargo, a mi estas películas me suelen apasionar. Porque sabiendo que carecen de muchas de las claves del cine (movilidad de personajes, de escenarios, elipsis, etc.) vuelcan su esfuerzo en el guión, su perfección milimetrica, diálogos muy significativos y connotativos en muchas ocasiones. Juegan con el escenario, el juego de miradas y las acciones de personajes, etc.

En la parte final de la película sólo quedan en la sala un sofá y los actores.

Una de las que he revisionado hace poco es Man from the Earth (Richard Schenkman, 2007). Esta película (catalogada erróneamente, desde mi punto de vista, como Ciencia Ficción) juega con una premisa muy interesante. Un hombre de 14.000 años de antigüedad. Un hombre del paleolítico que no envejece más allá de los 35 años. Todo lo que ha vivido y cómo lo ha vivido. Cómo ha evolucionado. ¿Qué ocurriría si un día se decidiese a contar su historia?

Y esa es la palabra clave de esta película: CONTAR. Porque es lo único que hace. Nos cuenta sus maravillosa historia. Sus amigos dudan de él, le ponen a prueba, le preguntan lo que quieren, detalles. Te dejas llevar por la historia, te apasiona… y la cámara no sale del salón de la casa. No flashbacks, ninguna imagen que no sea el grupo de amigos sentados cerca de la chimenea escuchando la historia de John Oldman (David Lee Smith). Y gracias a un magnífico guión, llevado a un gran tempo, el director y el guionista consiguen tenernos atentos de la pantalla y de cada una de las palabras de Oldman durante los noventa minutos de metraje. Porque nos convertimos en uno más de los personajes, fascinados con lo que nos están contando y dudosos de si es cierto o una trola.

Otra de película de este tipo es la estrenada hace pocos meses Carnage (Roman Polanski, 2011). En este caso, la comedia de Polanski, basado en una obra teatral, no juega tanto con los diálogos y la trama (que cuenta con un gran McGuffin que sirve sólo como motor de la trama) sino con el enfrentamiento en sí de los personajes. No tanto el qué cuentan, sino el cómo y de que manera lo hacen.

Stockholm es muchas cosas. La capital de Suecia, una discoteca, un rastro de sangre...

La vuelta a ver estas película viene porque hace poco descubrí un proyecto que me ha encantado.

Como fan que soy del género y de este tipo de películas, mi mente está fija en Stockholm  una película que se está rodando en la actualidad en Madrid y que cuenta en su reparto con la increíble Aura Garrido. Se trata de un proyecto independiente, de bajo presupuesto y que ha logrado salir adelante con una parte de su presupuesto recaudado en Verkami por crowdfunding. Pidieron 8.000€ para cubrir una parte. Lograron 13.000€.

Gente joven que se lanza hacía delante y se arriesga con una historia que tiene una pinta brillante. Yo pienso perder el rastro de lo que ocurre con esa película.

Lo único que no sé es cómo aguantaré la espera.

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Yo reivindico

30/03/2012

Yo reivindico el cortometraje como género. Al igual que existieron los entremeses de teatro y que existen los cuentos en la literatura, los cortometrajes han de existir en el cine. Sin embargo, hay algo que los diferencia del estos otros géneros literarios. La actitud de la gente hacía ellos.

En el cine el cortometraje sólo se ve como un medio para darse a conocer. Como un trampolín a la fama. Como una forma de impresionar al personal. O como una forma de aprendizaje. Así, en visión general, el cortometraje es o bien universitario (y cutre) o una obra maestra.

Sí, ya sé qué vais a decir: “No, yo no pienso eso”. Pero, al final, a todos nos pasa. Todos lo pensamos. Es lo hace que no nos pensemos dos veces ir a ver una peli al cine, aún a pesar que no sepamos nada de ella; pero, sí dudar cuando la opción a ver es una serie de cortometrajes. Y así comienza la pescadilla que se come la cola. Porque si los tratamos como tal, al final sólo serán eso y si sólo son eso, pues los trataremos como tal.

Pero, el cortometraje no siempre debería ser visto así, pues en muchos casos es el medio de llevar a cabo una historia. No por presupuesto, no por falta de posibilidades de hacer algo mayor, sino porque no hay más que contar. Si una historia ocupa 20 minutos, no se puede contar en 90′. Y no hay más. Hay ciertas historias que sólo funcionan en un formato corto.

Llegar a las 8:40 de la mañana sería imposible

Yo quiero hacer un largometraje. Es cierto. Por un lado porque es lo que me gusta y disfruto y, por otro, porque aunque así lo quisiera, no se puede vivir del mundo del cortometraje. Pero, hay muchas historias que he escrito que sólo funcionan a una medida tan pequeña. Y, lo he tratado, en serio, he tratado de alargarlas. Pero, cuando no hay de donde sacar, no hay. La única forma de alargar algo en estos casos es usar trucos baratos. Sacar paja. Engañar al personal. O intentarlo. Porque al final siempre identificamos cuándo nos tratan de engañar, ¿o no? (guiño, guiño).

Son muy pocos los directores que vuelven al formato corto después de haber rodado una película. Se comprende y, además, hasta cierto punto se agradece. Por un lado, así se deja más espacio para los que vienen por detrás, nuevos y con ganas (y sí, parece que me estoy contradiciendo a mí mismo ahora, pero es esta la paradoja que crea el tema del cortometraje). Sin embargo, por el otro lado, si fuesen más los que volviesen a sus orígenes, aunque sea de manera puntual, también se haría ganar un poco más en fama al formato.

Sin embargo, hoy en día hay una gran cantidad de festivales dedicados en exclusiva a éstos. Es un avance. Una buena forma de promoción y una buena forma de reivindicación. El problema es que tienden a estar demasiado lejos del público, incluso en el caso de que formen parte de un festival mayor.

En resumen, creo que en ningún momento hay que menospreciar el cortometraje, no tanto como se hace en algunas ocasiones. La literatura no sería nada sin los cuentos cortos (que se lo digan sino a Poe) y opino que, el cine, sin cortometrajes se encontraría demasiado cojo también.

Eso dice mucho de ellos.

PD: Y, lógicamente, acompaño el post con un par de cortometrajes muy buenos:

(parte 2 y 3 también disponibles en youtube)

(Recomendada toda la filmografía de Nacho Vigalondo)

(Buena demostración de lo que es una buena puesta en escena)

(Clásico de la historia del cine en el que se fijó Terry Gilliam para hacer 12 monkeys (Terry Gilliam, 1995))

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El tercer acto

27/03/2012

¿Qué es lo que hace que sigas con una película una vez has visto los primeros treinta segundos? ¿Qué te mantiene sentado en la butaca o en la silla, sofá, taburete, suelo… que corresponda?

Hay dos momentos críticos de la película de cara al espectador. El primero y el tercer acto. Suele decirse que el nudo del relato, debido a su larga duración y a que es (hasta cierto punto) un conector entre un inicio y un final es el más complicado de escribir. Pero, es indudable que en una película los momentos fundamentales son los iniciales y los finales.

El momento inicial porque es aquel que te tiene que atrapar. En el que la historia te resulte atractiva. La que te presente unos personajes interesantes, una historia que quieras ver. Ya sea mediante la intriga, el terror, o cualquier otra técnica en la que se base la película. Tiene que preparar el escaparate, poner todo muy bonito (nunca a costa de no avanzar en la historia por ello) y hacer que les “compres” la película. Es muy fácil quitar una película de la tele o el ordenador cuando va sólo cinco minutos. No tanto si ya has visto 25 o 30. Si consigues que el espectador llegue hasta ese punto te la han comprado.

El otro lógico punto clave es el del tercer acto. Cuando hacemos memoria de una película siempre recordamos su historia, sus personajes, quizá una escena brutal. Pero, rara es la ocasión en la que olvidamos el final. Si no recordamos cómo acababa malo.

I'm Tyler Durden. Am I?

En el tercer acto es cuando o todo se pone tan cuesta arriba, todo se jode tanto, que el espectador se angustia de cómo de jodida va a acabar la cosa. O cuando todo coge carrera hasta el climax final. En muchas ocasiones una gran revelación hace que a aquel que ve la película se le cierre el culo durante varios minutos. Esto puede suceder en el segundo punto de giro, al inicio del tercer acto; o en el climax final.

De una forma u otra, la clave en este asunto es que cuando acabamos de ver una película es su final lo que recordamos con más exactitud. Y suele ser lo que nos marca si nos ha gustado o no. Una película magnífica durante más de la mitad, pero con un final caótico, confuso, mal llevado a cabo o risible acabará por dejarnos mal sabor de boca. Una película con inicio duditativo, o un desarrollo mediocre; si tiene un buen final, acabará dejándonos más contentos a la salida del cine.

Esa es nuestra simple naturaleza.

En este respecto yo he sufrido hace poco cada uno de los dos casos. El primero me ocurrió con la película de Rodrigo Cortés Red Lights (Rodrigo Cortés, 2012). La película me atrapó desde un inicio. A pesar de jugar con personajes demasiado cliché su historia me estaba resultando interesante. Los momentos de tensión estaban bien resueltos. Me estaba gustando. Llegó el tercer acto y me atrajo más. Era el gran final. Un final que se presentaba a nivel. Spoiler final de película .

¿Cómo lo hace Silver?

Sin embargo, cuando de repente descubrimos que el timo es Silver (algo que llevamos toda la película queriendo demostrar y, por tanto, nos alegramos porque así sea) y que es Buckley el que tiene poderes extraños, cuál el teatro en el que se da la última secuencia, la película a mí también se me cayó encima. Cortés afirma que el final es lógico y con ello no me meteré. Para mí es un gran Deus ex machina.

Que una película que durante 1:40h trate de venderme que no hay nada paranormal y en la que el protagonista busque, durante férreamente, demostrar la verdad, no puede sacarse tal truco de la manga. Creo yo.

Fin Spoiler. De esta forma, lo que era una película buena, muy bien realizada y con buenas interpretaciones, pasó a dejarme un regusto amargo. Tanto que lo primero que comento sobre ella es siempre este hecho. Lo que me decepcionó el final.

En el lado opuesto está Take Shelter (Jeff Nichols, 2011). Esta película, aún inédita en España, cumple precisamente con lo contrario.

Era una película que me estaba llevando un poco por el camino de la amargura. No porque estuviese mal, ni mucho menos. Sin embargo, la historia parecía llegar a dar algún rodeo. Me trataba de mostrar a los personajes, lo que les sucedía. Y aunque estaba interesado, en algún momento tenía que esforzarme en seguir mirando la pantalla, porque pensaba que tal cómo se estaba desarrollando la historia acabaría mal. No me daría un final. Sin embargo, llegó la tormenta y el tercer acto.

¿Cuándo llegará la tormenta?

Los veinte minutos finales se componen de dos secuencias, que se llevan a cabo principalmente en dos localizaciones. En estas dos secuencias el director te mueve de un punto de vista a su opuesto. De una forma genial.

La escena del refugio es brutal. Mantiene un pulso de dirección increíble. Hace que te mantenga el interés en todo momento. Era el momento que llevabas hora y media esperando. Y da igual cuánto te hayas aburrido/divertido con lo anterior. El juego de interpretación de los actores y la puesta en escena hace que no puedas dejar de prestar atención. Si has estado algo distraído hasta ese momento, ya no lo estarás. Te olvidas de qué más hay. Te olvidas de si estás en casa o en el cine. Te olvidas del iPhone o el ordenador. Para ti, cómo para los personajes, ese oscuro refugio es lo único que hay. Y te vuelcas. Das la mano a los personajes cuando deben salir de él.

En la escena final. De simple realización, pero gran carga emocional, reforzada con una canción increíble, tu corazón se pone a 130 pulsaciones. Da igual cómo te hayas sentido hasta el segundo punto de giro de la historia. Porque a partir de entonces te has sentido uno más de ellos. Sentías lo que ellos sentían. Querías lo que ellos querían. Desde que entraron en el negro y oscuro refugio, eres uno con los personajes. Y en el final, la emoción y excitación que sufren te acompaña. Hasta que la imagen corta a negro.

Y, entonces, te das cuenta de que puede que la primera hora y media de la película no haya sido excelente, pero que el gran final es lo que te ha gustado. El gran final es lo que recordarás. Lo que hará que digas que te gusta.

Porque al final, más que nada, todos lo que buscamos es eso en la vida. Más que un gran inicio, un gran final.